¿EL AÑO DE LA LECHERÍA?

El sector industrial está ante la encrucijada de bajar los precios al productor o abrir nuevos mercados.

Quizá sin que nadie lo previera, el 2010 arrancó siendo el año de la leche. Durante los primeros seis meses del año, la escasez de producción primaria y el precio internacional elevaron el valor en tranquera de tambo. Los consumidores avalaron la suba de los lácteos en góndola y, para buena parte de los eslabones de la cadena, las cosas funcionaron de la mejor manera posible.
 
Las grandes industrias del sector auguran cerrar el mejor de los últimos años, aun siendo de las empresas que mejores sueldos pagan en el ámbito privado. Tanta calma y buena onda ha llevado al Estado a no intervenir y mantenerse al margen del mercado.
 
En este clima de optimismo quizá las pequeñas industrias fueron las más castigadas, al enfrentarse contra grandes empresas que salieron a pagar precios impensados. También son las primeras en sufrir la recuperación de la producción y, por lo tanto, en comenzar a acumular stock en sus depósitos.
 
Esta recuperación de la producción (en julio fue superior en un 11 por ciento con respecto a igual período de 2009) pone al sector industrial ante la encrucijada de mantenerse en la comodidad de bajar el precio a los productores –ante la suba de la oferta– o aceptar el desafío de abrir nuevos mercados que absorban el excedente.
 
En otras columnas hemos hecho alguna referencia aislada a esta situación, pero conviene detenerse un momento para un breve análisis. Se escucha constantemente que nuestro país tiene capacidad y potencial para involucrarse en el mercado internacional en condiciones favorables; pese a eso, no se logra hacer pie y los valores que se exportan año tras año se repiten sin observarse grandes mejoras.
 
En los últimos 10 años, la producción láctea argentina estuvo estancada en 10.000 millones de litros. El consumo per cápita está también clavado en los 200 litros. Si las estadísticas no fallan, en los últimos 10 años la población aumentó, por lo que el excedente a exportar es menor cada año. Ante cada aumento de la producción, la baja del precio desestimuló la inversión de los tamberos. Esta situación está a punto de repetirse.
 
Como muestra de esta falta de iniciativa de las empresas para buscar nuevos mercados, cabe recordar una anécdota de la última Mercoláctea. La provincia de Córdoba organizó junto con la Nación rondas de negocios a la que asistieron importadores de diversos países del mundo para comprar leche. Cuando le pregunté a la organizadora cómo venían las negociaciones, su respuesta fue lapidaria: “Las empresas no se presentan; no les interesa buscar nuevos clientes en el exterior”.
 
Fuente: Damián Morais, La Voz del Interior; FyO.

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