Una revolución viene en camino con la edición génica: “La gente debe estar de acuerdo con los beneficios de esta herramienta”

El potencial de la nueva herramienta para reducir brechas tecnológicas.

Una revolución viene en camino con la edición génica: “La gente debe estar de acuerdo con los beneficios de esta herramienta”

“En los organismos genéticamente modificados (OGM), los propietarios del gen de interés eran los dueños de la pelota, pero con la edición génica los protagonistas ahora son los que tienen el conocimiento de los genomas y de la funcionalidad de los genes, además de la capacidad para pensar cuáles son los genes que deberían modificarse para lograr avances”.

Así lo indicó Sergio Feingold, responsable del Laboratorio de Agrobiotecnología del Área de Investigación en Agronomía del INTA de Balcarce, durante una jornada sobre edición génica para comunicadores realizada en la sede porteña del INTA.

Las técnicas de edición génica –como es el caso de CRISPR/Cas9–, además de lograr abaratar de manera significativa los desarrollos de nuevos cultivos y animales, permiten reducir la brecha tecnológica entre naciones avanzadas y periféricas.

“Gracias a estas tecnologías muchas Pymes e institutos de investigación como el INTA y las universidades, si bien no vamos a estar en condiciones de igualdad con las naciones desarrolladas, vamos a tener una mayor libertad de acción, que antes no teníamos”, explicó Feingold, quien es especializó en genómica funcional y fue el investigador argentino que integró, en representación del país, el consorcio internacional encargado de realizar la secuenciación del genoma de la papa.

“Uno puede conocer la técnica, pero si no se sabe qué gen es el que se quiere editar, el cual tiene que ser responsable de un efecto fenotípico, de una característica deseada, la tecnología no resulta útil”, señaló el investigador del INTA.

“Después es necesario ver qué secuencia es la que se pretende alterar y de qué manera, si se quiere, por ejemplo, apagar un gen o sobre expresarlo; para eso es necesario conocer los genomas y la funcionalidad de los genes de interés, además de la diversidad genética natural presente en una misma especie, es decir, cuáles son las variantes del gen que queremos modificar que están presentes en la naturaleza”, añadió.

En ese sentido, investigadores del INTA Balcarce emplearon CRISPR/Cas9 para modificar el gen de polifenol oxidasa presente en el cultivo de papa, cuya enzima provoca el pardeamiento enzimático (es decir, que se pongan negras o que se oxiden cuando se golpean de manera accidental). Ese desarrollo, una vez validado, podrá ser inscripto como un cultivo convencional en el Inase al tratarse de un mutante y no de un transgénico (el cual requiere varios años y millones de dólares de certificaciones ambientales y regulatorias antes de poder ser comercializado).

“Esto tiene un impacto nutricional, porque muchas papas se arruinan durante el transporte o el almacenaje y luego son descartadas por la industria”, indicó Feingold, quien además señaló que en el INTA Balcarce están empleando la edición génica orientada a lograr papas que, una vez sometidas al almacenaje a bajas temperaturas, permitan lograr frituras de buena calidad y con niveles reducidos de acrilamida (un componente perjudicial).

El investigador aseguró que el mayor potencial de la edición génica se producirá en cultivos agámicos –tales como la papa, la vid, la caña de azúcar o los forestales– dado que, con las técnicas convencionales actualmente no es posible dar saltos significativos en mejoramientos.

También dijo que existe un potencial enorme en mejoramiento animal. Y citó el caso de los cerdos editados genéticamente por investigadores del Instituto Roslin de la Universidad de Edimburgo para lograr ejemplares resistentes al virus PRRS (que genera importantes pérdidas económicas en granjas porcinas de todo el mundo).

“Todas las enfermedades requieren de genes de susceptibilidad en los organismos, de manera tal que, al apagar un gen de susceptibilidad al virus del síndrome respiratorio en cerdos, los mismos dejaron de enfermarse”, explicó Feingold.

En ese sentido, en la Argentina investigadores del INTA Balcarce editaron embriones bovinos con el propósito de obtener ejemplares que produzcan leche libre de beta-lactoglobulina, una proteína alérgena para un porcentaje minoritario de la población.

“En Brasil, se están haciendo investigaciones con esta tecnología para lograr resistencias a herbicidas, calidad de aceite de soja para mejorar aspectos nutricionales, tolerancia a sequía y obtener mejoras en la palatalibidad del sorgo, mientras que en animales se está trabajando para lograr vacas lecheras sin cuernos”, apuntó.

Si bien en la actualidad ningún desarrollo logrado por medio de edición génica se encuentra disponible en el mercado, en algunos años más se espera que eso cambie. “Necesitamos una comunicación clara y transparente sobre esta tecnología, porque ya no podemos asumir desde el mundo científico que la gente va a entender que esto es bueno; necesitamos un acuerdo social al respecto. La gente debe estar de acuerdo con los beneficios de esta herramienta”, concluyó.

Fuente: Valor Soja

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