La plasticultura en Argentina: más productividad y menor consumo de recursos

Expertos señalan que el uso del plástico en la agricultura tiene el desafío de aumentar la productividad de los cultivos, a través del reciclado y la reducción del consumo de agua e insumos.

La plasticultura en Argentina: más productividad y menor consumo de recursos

El uso del plástico en la agricultura, la denominada plasticultura, responde a la tendencia de producir más utilizando menos recursos. Hoy, este método tiene un triple objetivo: aumentar la productividad de los cultivos, reducir drásticamente el consumo de agua y generar un uso más racional de insumos agrícolas. Además, puede contribuir a la sustentabilidad ya que los plásticos utilizados en la agricultura, especialmente las películas para invernaderos, pueden ser reciclados. 

Según el Comité Argentino de Plásticos para la Producción Agropecuaria, en el país se manifiesta un avance en la superficie de cultivos bajo cubierta, alcanzando aproximadamente 6.517 hectáreas de invernaderos. En cuanto al tipo de cultivos, las hortalizas ocupan el 84% de la superficie cultivada bajo cubierta (5.474 hectáreas) y la floricultura, el 16% restante (1.043 hectáreas).

“Argentina tiene un clima subtropical templado, lo que le permite el desarrollo de cultivos protegidos en todo el territorio. Si bien el nivel tecnológico en la producción bajo cubierta en el país es bajo, se ve una creciente incorporación de la automatización y mejores estructuras que permiten un mejor control del ambiente interno”, señala Natalia Maier, experta en Aditivos para plásticos de BASF para Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Chile.

Según datos de CIDAPA en Iberoamérica,España es el país con mayor superficie de cultivos protegidos (incluyendo invernaderos, túneles y minitúneles) con 69.705 hectáreas, le sigue México con 40.862 y Brasil con 30.000. Argentina se encuentra en el quinto puesto, detrás de Colombia, con 7.651 hectáreas con cultivos protegidos.

En el caso de los invernaderos, estos ofrecen un entorno ideal para las plantas, protegen las verduras de los efectos de las heladas, del viento y de la lluvia, y garantizan una alta calidad uniforme, además de contribuir a la maduración más rápida de la fruta, lo que permite realizar varias cosechas en un año.

Otro ejemplo de plasticultura es el silo bolsa: en Argentina se acopian alrededor de 45 millones de toneladas anuales en este sistema de bajo costo, fácil implementación y alta eficiencia que se consolidó como una alternativa para almacenar y conservar las cosechas.

Según el experto Manuele Vitali, jefe de Investigación y Desarrollo de BASF en Italia, la plasticultura puede contribuir al desarrollo del cultivo protegido y con el uso más extenso de películas de larga duración y del almacenamiento de granos en silo bolas, hay un enorme potencial de crecimiento. “En la actualidad, el Agro tiende a adoptar películas de plástico de mayor durabilidad para reducir la producción y el consumo total de plástico. El desafío es ofrecer tecnologías que ayudan a los agricultores a obtener cosechas mayores con menor consumo de recursos”, afirma Vitali.

“Europa y Oriente Medio son mercados maduros que ya implementan tecnologías avanzadas en plasticultura, América del Norte sigue el mismo estándar, aunque en áreas geográficas limitadas y Asia y América del Sur muestran el mayor potencial, aunque con características diferentes”, comenta Vitali. En general, las necesidades de los productores de la región son similares a las de los europeos, aunque deben tener en cuenta requisitos técnicos para conferir mayor durabilidad a la película plástica.

Con la ayuda de una amplia gama de aditivos plásticos para la industria, es posible mejorar la calidad técnica de los materiales con antioxidantes, estabilizadores de luz y calor, absorbentes UV, entre otras posibilidades. En el caso de BASF, la compañía es la creadora de la tecnología NOR-HALS, que contribuye a que los plásticos utilizados en todo tipo de cultivos agrícolas tengan una mayor duración en presencia del uso intensivo de productos agrícolas.

Como consecuencia del desarrollo urbanístico y también debido al incremento de la erosión y al cambio climático, la superficie de terreno cultivable se ha ido reduciendo. Actualmente, el desafío consiste en intensificar la actividad agrícola y con la ayuda del cultivo protegido, la producción por hectárea puede aumentar.

Fuente: Alurralde Jasper + Asoc.

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