¿Hay margen para subir las retenciones al agro?

La participación de las retenciones llegaría en 2019 a 6,6% de los recursos tributarios totales, casi el doble que el 3,4 % del año pasado. Las retenciones al agro se encaminan este año nuevamente a ser claves para sostener parte del agujero fiscal del Estado nacional.

¿Hay margen para subir las retenciones al agro?

Según un informe del investigador Juan Manuel Garzón, del Ieral de Fundación Mediterránea, los derechos de exportación aportarán este año un monto aproximado de 328 mil millones de pesos, un 88% más que el año pasado. En dólares, significan 6.745 millones (71 por ciento más).

Así, la participación de las retenciones llegaría a 6,6% de los recursos tributarios totales, casi el doble que el 3,4 % del año pasado, aunque aún lejos del 13,4% que fue la máxima incidencia durante 2008, el año en que la soja superó los 600 dólares por tonelada, señala La Voz del interior.

Del total, 62% lo aporta el complejo sojero (204 mil millones de pesos); el 14% lo generan trigo, maíz y sus derivados industriales (45 mil millones), y el 9%, otros productos relevantes de base agropecuaria como carnes, lácteos, vinos, hortalizas y legumbres (29.800 millones). El resto se reparte un 9% entre servicios (30.200 millones) y un 6% en manufacturas de base industrial (18.600 millones).

En efecto, el 85 por ciento de la recaudación de retenciones es aportada por el campo y por la agroindustria. En este contexto, en el agro existe el temor a que, para seguir tapando el bache fiscal, el gobierno que asuma en diciembre recurra a más retenciones.

Vale decir al respecto que, si bien el candidato con más posibilidades de ganar, Alberto Fernández, ha insistido en reiteradas oportunidades en que Argentina necesita exportar más, algunos de sus asesores han deslizado que estaría evaluando esta posibilidad con firmeza, debido a que no hay muchas alternativas para incrementar los recursos.

Sin embargo, Garzón y otros economistas especializados en el agro advirtieron en las últimas horas que una decisión de ese tipo podría ser contraproducente: llevaría a los productores a un estado de rentabilidad muy escasa o hasta negativa, que afectaría los volúmenes de cosecha y exportaciones.

"Dadas las urgencias fiscales, el próximo gobierno podría intentar subir los derechos de exportación. De concretarse, además de ser una mala noticia por las distorsiones que genera este impuesto, debe advertirse que no hay mucho espacio para una tajada fiscal mayor, al menos sin afectar en forma significativa las condiciones de competencia de los exportadores", subrayó Garzón.

En ese sentido, recordó que cuando este impuesto llegó a superar dos puntos del producto interno bruto (PIB) sin generar daños significativos, los precios de las commodities estaban entre 25 y 30% por encima de los valores actuales.

Gonzalo Agusto, economista de la Bolsa de Cereales de Córdoba, opinó en la misma línea. A través de Twitter, subrayó que el precio de la soja, por ejemplo, está 35 dólares por debajo del promedio de la última década.

"Si se aumentan las retenciones, gran parte de la zona agrícola tendría resultados negativos, lo cual provocaría una caída en el área y en la aplicación de tecnología; por consecuencia, una menor producción", evaluó.

El analista económico Salvador Di Stefano también se expresó al respecto en una de sus últimas columnas. Calculó que, en la zona núcleo, producir soja en campo alquilado con un precio interno de 238 dólares, producto de la retención del 18% más cuatro pesos por dólar exportado, deja un resultado positivo de apenas ocho dólares por hectárea.

"El precio ya es muy bajo; si aplican mayores retenciones, el campo entraría en un rojo imposible de soportar", aseguró el analista.

Di Stefano también dijo que otra devaluación no traería grandes beneficios porque los arrendamientos se pactan en quintales de soja, es decir, a un precio "dolarizado", y que otros costos directos, como los agroquímicos y los fertilizantes, también se mueven en función de la divisa estadounidense.

En el caso del maíz, con un precio de 143 dólares, el margen por hectárea proyectado es de 36 dólares, pero es un cultivo que necesita mayor inversión para su siembra y, ante la posibilidad de que sea el que reciba un mayor incremento de retenciones (hoy paga solamente los cuatro pesos por dólar), los productores ya han comenzado a reducir el área sembrada.

Para Di Stefano, si sembrar o criar ganado no es negocio en Argentina, qué queda para otras actividades económicas que tienen un mercado más pequeño, sin posibilidades de exportar, y con un poder adquisitivo de la población diezmado por la mayor inflación.

"Para que sembrar sea negocio, necesitamos un precio de soja en 260 dólares la tonelada, y un maíz en 150 dólares. Con los precios actuales, el negocio no cierra; por ende, pensar en mayores retenciones es una locura", completó Di Stefano.

Fuente: iProfesional

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