Transformación productiva sorpresa con un cultivo en dos zonas extremas del país

En zonas del país donde la agricultura históricamente estuvo limitada por el clima, la distancia o la falta de infraestructura, el trigo bajo riego está alcanzando rindes que duplican y hasta cuadruplican los valores habituales del secano.

Transformación productiva sorpresa con un cultivo en dos zonas extremas del país

Según información aportada por Aapresid, productores del norte árido y de la Patagonia están consolidando un modelo de agricultura extensiva de alto rendimiento en ambientes extremos.

Los datos relevados por Aapresid muestran que, tanto en el norte árido como en la Patagonia, el trigo bajo riego se convirtió en el cultivo que mejor expresa el potencial productivo de estas regiones. En la frontera agrícola argentina, donde el calor, el frío y las distancias suelen imponer restricciones, los productores están logrando resultados que reconfiguran el mapa productivo del país.

Según la entidad, las Chacras Latitud 28 (NOA) y Valles Irrigados Norpatagónicos (VINPA) presentan rendimientos muy superiores a los del secano, consolidando sistemas estables y con alta eficiencia en el uso del agua.

En la Chacra Latitud 28 —que abarca el sur de Tucumán, el este de Catamarca, el oeste de Santiago del Estero y parte del centro de Salta— el trigo pasó de ser un cultivo de cobertura a convertirse en una alternativa rentable.

“En secano los rindes rondan los 1800 a 2000 kilos por hectárea en los mejores años. Bajo riego estamos promediando 5000 kilos, con lotes que alcanzan los 7500 kilos por hectárea”, explicó Esteban Arroyo, Responsable Técnico de Desarrollo en la entidad.

Este grupo de productores trabaja en sistemas intensivos y sustentables, muchos de ellos vinculados a la producción de maíz para semilla, lo que obliga a rotaciones más precisas y a un manejo ajustado de los recursos.

En la Chacra Vinpa, ubicada en los valles irrigados del norte patagónico, los resultados son similares. “Esta campaña los trigos están muy buenos, con potenciales de 8000 kilos por hectárea. Son cultivos de alta tecnología, con fertilización balanceada y un manejo que busca estabilidad año a año”, indicó Alfonso Cerrotta, RTD del grupo.

Aapresid señala que la Patagonia irrigada pasó de sistemas ganaderos de baja carga a planteos agrícolas extensivos con récords en trigo, maíz y soja bajo riego, lo que reconfiguró las posibilidades productivas de la región.

La sanidad del cultivo es uno de los principales beneficios en estos ambientes. Según Aapresid, las enfermedades foliares aparecen de forma esporádica y son fácilmente controlables, lo que permite sostener esquemas intensivos sin altos costos sanitarios.

En Vinpa, el riego aporta una estabilidad productiva que permite mantener altos niveles de rendimiento sin grandes variaciones entre campañas, incluso en años climáticamente adversos.

En el norte, los productores ensayan variedades, fechas de siembra, densidades y esquemas de nutrición adaptados a las condiciones regionales. “No todo lo que funciona en secano responde igual en riego. Por eso estamos generando información local que ya se está transfiriendo a otros productores”, afirmó Arroyo.

En la Patagonia, los sistemas bajo pivot demandan un uso intensivo de insumos y monitoreo permanente para sostener la homogeneidad de los lotes. “El objetivo es asegurar la homogeneidad y mantener el potencial productivo. El riego nos permite explorar el techo de rendimiento sin depender del clima”, agregó Cerrotta.

En el NOA, la suba de tarifas eléctricas impulsó una fuerte reconversión energética. “Casi todos los productores riegan con electricidad. Con la liberación de tarifas, el costo del milímetro se triplicó, y varios comenzaron a invertir en parques solares”, sostuvo Arroyo.

En la Patagonia, la eficiencia en el uso del agua es central: “Un trigo puede demandar entre 500 y 600 milímetros de riego, y eso representa hasta la mitad del costo total del cultivo. Por eso apuntamos a que cada milímetro se traduzca en kilos cosechados”, detalló Cerrotta.

Las distancias siguen siendo un factor determinante en ambos territorios. En Patagonia, “las distancias son grandes, a veces más de 200 kilómetros hasta la agronomía más cercana, y el flete al puerto puede representar entre 30 y 40 dólares por tonelada”, indicó Cerrotta.

En el norte, los productores combinan maquinaria propia y contratistas, fortaleciendo la infraestructura productiva en zonas donde antes era inexistente.

Según Aapresid, los rendimientos registrados en Latitud 28 y Vinpa demuestran que el trigo bajo riego puede transformar áreas marginales en regiones agrícolas competitivas, con productividad similar o incluso superior a la de los principales polos trigueros del país.

Fuente: Diario La Nación 

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