Lo que el fuego se llevó. El impacto productivo empieza a dimensionarse en el oeste pampeano, contado por quienes pelearon con pala en mano durante noches enteras

Las tormentas eléctricas “secas”, las altas temperaturas, los pastizales y montes secos y las fuertes ráfagas de viento alimentaron por más de un mes los incendios en el oeste pampeano. A estas horas, con más de 83.000 hectáreas afectadas, las autoridades aseguran que ya no quedan focos activos pero advierten que no será un verano sencillo para la región.

Lo que el fuego se llevó. El impacto productivo empieza a dimensionarse en el oeste pampeano, contado por quienes pelearon con pala en mano durante noches enteras

Controladas ya las zonas más comprometidas, lo que queda por conocerse es el impacto concreto a nivel productivo. Se trata de cientos de productores que, por el momento, no han informado considerables pérdidas de hacienda pero sí de grandes extensiones de pasto y alambrado, en muchos casos con la totalidad de sus campos comprometidos.

Pero, así como el fuego es “caprichoso” e incierto en su deriva, lo son también efectos. Por estas horas, hay quienes aún no salieron a recorrer sus lotes arrasados, quienes todavía se recuperan de las quemaduras por haber combatido el fuego de noche, con una pala y la solidaridad de los vecinos, y quienes advierten que esto “aún no terminó”.

Bichos de Campo consultó a productores y autoridades de la región para conocer cuál es la situación, por estas horas, cuando ya pasó la tormenta pero aún no parece salir el sol.

“El último reporte que tenemos de Defensa Civil es que están todos los focos controlados y contenidos”, confirmó a este medio, a primera hora del viernes, el subsecretario de Asuntos Agrarios de la provincia, Ricardo Baraldi.

Es válida la aclaración ya que, si bien las zonas más afectadas -como Jacinto Arauz, General San Martín, Santa Isabel y Bernasconi- hoy ya no registran focos activos, también es cierto que aún las temperaturas son muy elevadas y persisten las ráfagas de vientos de hasta 70 kilómetros por hora. Eso abona al riesgo latente de que se levanten chispas o se aviven troncos quemados, por lo que aún nadie “canta victoria” en el oeste pampeano.

De hecho, desde el ministerio de Producción están comenzando a recabar datos y hacer los relevamientos que permitan conocer el impacto concreto de lo ocurrido. “Esto es momento a momento, y hay que esperar a que los productores recorran los campos.  En lo que menos piensa la gente ahora es en declarar animales muertos al Senasa, pero para nosotros es un dato fundamental”, explicó Baraldi.

Lo cierto es que, entre los casos consultados por Bichos de Campo en varias localidades de la provincia, el diagnóstico es similar, y las pérdidas que más se perciben hasta el momento son las de pasturas -que aportan el alimento clave para el ganado- y los alambrados.

 

“Veo al campo venirse abajo y me agarra algo en el pecho”, expresa Gisella Rochón, que aún se conmociona al recordar lo ocurrido días atrás, cuando, gracias a un llamado nocturno, se enteró que la tormenta eléctrica había incendiado el monte de un vecino y avanzaba hacia su campo ubicado en General San Martín, en el departamento Hucal. El foco llegó a afectar a unas 2000 hectáreas y ante sus ojos son metros y metros de tierra arrasada.

Trabajaron “a pulmón y pala”, junto a dotaciones de bomberos, Defensa Civil y aviones hidrantes, y lograron que sólo se quemara la mitad del campo. Sus vecinos, sin embargo, no corrieron con la misma suerte y reportaron pérdidas totales. “Ellos perdieron muchos terneros. Se escuchaban las vacas balar pero los animales no aparecían, y eso significa perder producción”, explicó Gisella, que en su caso, lamenta sobre todo varios metros de alambrados barridos más no animales, porque contó con espacio para resguardarlos.

 

Por momentos, las ráfagas de viento eran tan persistentes, y las temperaturas tan elevadas, que algunas picadas y contrafuegos -exigidas por una ley provincial para los campos de la zona- fueron incluso superados. “Igualmente, detectamos muchas zonas que no los tenían”, puntualizó Baraldi, que aseguró que desde su cartera están haciendo los relevamientos pertinentes para que luego el gobernador, Sergio Ziliotto, anuncie las medidas de ayuda.

En ese caso, adelantó el funcionario, en lo primero que se hará hincapié es en la recomposición de los alambrados, sobre todo en los costados de las rutas, donde un animal suelto puede desembocar en accidentes de tránsito. “Seguramente se instrumenten líneas de crédito a baja tasa con el banco provincial”, explicó.

Sin embargo, lo cierto también es que la zona aún no apaga las señales de alerta, pues los mapas de peligro indican que, fruto de la sequía, hay todavía mucho material combustible disponible y es necesario extremar las medias de precaución.

“Es un peligro latente. Hay que estar atentos hasta que llueva y por ahora vamos a seguir así por mucho tiempo”, evaluó por su parte Marcelo Mendiara, que es productor de la zona de Victorica y días atrás perdió 1200 hectáreas en manos de los incendios.

 

Aunque los números parezcan desproporcionados, los productores aseguran que la situación podría haber sido mucho más alarmante si no se hubiera trabajado en las medidas preventivas pertinentes, como el mantenimiento de las picadas y contrafuegos.

“En el campo mío, los animales se salvaron gracias a eso”, explicó Mendiara, que tuvo que trabajar en los focos ígneos con particular cuidado porque muchas vacas habían parido reicentemente y era necesario preservar a los terneros. “La única solución es trabajar con cortafuegos, porque apagar es directamente imposible. Se necesita mucha agua, aviones hidrantes y mucha gente que trabaje de noche”, señaló.

Aunque la emergencia no sabe de horarios, actuar a altas horas de la madrugada es lo que permite en muchos casos controlar el fuego antes de que comience a subir la temperatura diurna. Cabe destacar que en la zona las máximas superaron los 40 grados, y las llamas ardieron por encima de los 600, lo que, con mucho material combustible disponible, era el “combo perfecto” para arrasar con cuanto campo hubiera disponible.

Horacio Echeveste produce en la zona entre Santa Isabel y Telén, y guarda aún en la retina el recuerdo de los grandes incendios que le quitaron todo a su familia cuando él era chico. Por eso dice con mucha seriedad que, aunque estos no han sido los focos más complejos, y aunque no parece haber perdido más que alambrados, “el fuego no perdona”.

“Afortunadamente, en 24 horas pudimos dar por finalizado el incendio. Trabajamos toda la noche del lunes junto a los vecinos y al otro día llegó Defensa Civil”, explicó el productor ganadero que, al igual que cientos más, tuvo un fin de año muy agitado.

El tiempo y las recorridas por el campo le dirán si hay pérdidas significativas de hacienda, pero Echeveste está seguro de que, si el caso no fue aún peor en la región, es gracias al “trabajo a conciencia bastante eficiente que se hizo los últimos años”.

“No ha sido tan peligroso para lo que saben ser los incendios en esta época del año, porque con los vientos muchas veces se hacen muy ofensivos”, agregó.

 

A pocos kilómetros de allí, mucho más cerca de Santa Isabel, Sabrina Vallejos lamenta que no menos del 80% de su campo de cría fue alcanzado por las llamas. Consultada por este medio, mientras recorría el establecimiento y se cercioraba de que no hubiera más focos activos, la productora explicó que “el impacto a nivel productivo en la zona se siente fuerte”, sobre todo respecto a la pérdida de pasturas, que de cara al invierno son la reserva de alimento para la hacienda.

“Hoy se quemó todo al igual que los alambrados, y eso golpea de lleno en el funcionamiento del establecimiento y en la planificación de los próximos meses”, agregó Vallejos que, al igual que en muchos otros casos, vio su campo incendiarse a principios de esta semana fruto de las tormentas eléctricas iniciadas al sur de la ruta 10 y extendidas por toda la traza.

 

Finalizado ya el trabajo de las dotaciones de bomberos y de Defensa Civil, los productores de la zona aún vigilan activamente que no se reaviven los focos, al menos hasta que lleguen las lluvias pronosticadas para mediados de la semana siguiente.

Cuando se precipitan los hechos con semejante velocidad, es lógico que sea difícil hacer balances. “Todavía estamos dimensionando las pérdidas, pero sabemos que van a ser importantes”, estimó Vallejos, que considera que ahora comienza “una etapa muy dura”: la de reorganizar la hacienda, buscar alternativas de alimentación y evaluar la recuperación del campo, supeditada al clima y las demoradas lluvias.

A fin de cuentas, es como expresa el propio Mendiara: “Hasta que no llueva esto va a ser un infierno y no sabemos a quién le va a tocar”.

 

Entretanto, hay quienes denuncian “abandono” por parte de las autoridades y lamentan haber estado solos en su lucha contra el fuego, que, aunque parece ahora haber dado un respiro, exige ahora medidas de reconstrucción.

“Vivimos en un pueblo de 3000 habitantes y nos conocemos todos. Uno espera que aunque sea desde el municipio haya un gesto, pero la ayuda nos la estamos dando entre los vecinos, no llega nada de afuera”, afirmó Gisella Bochón, que en su caso es el primer incendio que afronta y asegura que aún no sabe “por dónde empezar”.

“Yo espero que en algún momento llegue alguna ayuda nada más, porque por ahora estamos bastante desamparados y a la buena de Dios”, concluyó la productora, que espera que no haya sólo que mirar al cielo para tener alivio.

Fuente: Bichos de Campo 

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