Venezuela los negocios espurios entre los Kirchner y Chávez que tuvieron impacto en el agro argentino
Por más de dos décadas, el vínculo agroindustrial entre la Argentina y Venezuela funcionó como un laboratorio de negocios, promesas incumplidas, operaciones estancadas y deudas millonarias que se arrastran hasta la fecha.
Surgió con la afinidad ideológica entre Néstor Kirchner, con un país defaulteado, y un Hugo Chávez, que lideraba una nación en época de bonanza por los petrodólares. De esa necesidad nació el Fideicomiso Bilateral, que operó por fuera de los carriles tradicionales del comercio exterior y terminó dejando un tendal de proyectos truncos, empresas damnificadas y deudas impagas que aún hoy siguen abiertas.
Con el régimen de Nicolás Maduro acorralado internacionalmente y bajo investigación judicial en Estados Unidos, ese entramado podría volver a ser revisado. El punto de partida fue el fideicomiso financiero firmado en 2004 por Kirchner y Chávez, donde Venezuela vendía fueloil a la Argentina y ese combustible no se pagaba en efectivo, sino que generaba un crédito en un fondo fiduciario. Con ese crédito, el Estado venezolano compraba bienes y servicios argentinos, incluidos productos agropecuarios, maquinaria agrícola, alimentos y genética animal.
Ese mecanismo permitió sortear la falta de financiamiento externo argentino tras la crisis de 2001, pero rápidamente derivó en un sistema con controles laxos, asignación discrecional de contratos pocos transparentes. Según estimaciones que se hicieron en aquel entonces, por el fideicomiso pasaron más de 2000 millones de dólares, con sobreprecios de hasta 90% en productos como leche en polvo, arroz, maíz, aves y carnes, según cálculos de la Sindicatura General de la Nación (Sigen).
El primer gran hito agropecuario fue la exportación de ganado bovino argentino a Venezuela: en 2004 se acordó la venta de 2000 vaquillonas Holando Argentino para mejorar la genética lechera venezolana. En febrero de 2005, Chávez visitó el puerto bonaerense de Dock Sud. Chávez visitó el puerto bonaerense de Dock Sud. Chávez visitó el puerto bonaerense de Dock Sud. Mientras 879 vaquillonas Holando Argentino subían al buque Zebu Express, el líder caribeño gritaba: “¡Vacas preñadas, echando leche! Esta es la verdadera integración”.
Los animales fueron adquiridos por una cooperativa de productores de ese país en un monto cercano al millón de dólares. Sin embargo, el proyecto nunca se expandió como se había anunciado. Muchas de esas vacas murieron por falta de manejo adecuado en el trópico o terminaron faenadas para consumo inmediato en lugar de reproducción. La “revolución genética” no ocurrió, aunque sí llegó el primer aviso del fallido acuerdo grandilocuente.
Con el fideicomiso aceitado, llegó el turno de los fierros, donde muchas empresas de maquinaria agrícola firmaron convenios para exportar tractores, cosechadoras y sembradoras, rastras y plantas de silo. Así, empresas como Agrinar (Santa Fe) comprometió el envío de más de 4000 equipos, con operaciones que superaron los US$113 millones. Pauny, Vassalli, Yomel, Metalfor, y Cestari, entre otras, también vieron una oportunidad de oro para hacer negocios. En 2007, Venezuela llegó a absorber el 72,6% de las exportaciones argentinas del sector. La Cámara Argentina Fabricantes de Maquinaria Agrícola (Cafma) proyectaba destinar equipos para trabajar 50.000 hectáreas de girasol en ese país.
Si bien hubo empresas que cobraron y entregaron, el sistema estaba viciado. Reportes de la Sigen de ese entonces detectaron posteriormente sobreprecios de hasta un 90% en las exportaciones, según se informó oportunamente. El plan incluía mecanizar campos venezolanos y sembrar decenas de miles de hectáreas de girasol y poroto. Pero otra vez, el salto productivo nunca ocurrió. Muchos equipos se entregaron, otros quedaron varados en trámites, y el impacto real en la producción agrícola venezolana fue mínimo.
Gustavo Grobocopatel, socio fundador del grupo Los Grobo, firmó con PDVSA Agrícola, filial de la estatal petrolera venezolana, un convenio para el asesoramiento y gerenciamiento de 100.000 hectáreas de agricultura. El proyecto quedó estancado y solo se sembraron 5000 hectáreas, el grupo argentino se retiró al año siguiente, según recordaron las fuentes. “Las condiciones en Venezuela no estaban dadas para cumplir con los objetivos del trabajo”, resaltó una fuente al tanto del acuerdo.
En el medio también estuvo el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) que realizó un relevamiento de las necesidades de producción de Venezuela. Su entonces presidente, Carlos Cheppi, fue una de las piezas clave del esquema hombre de confianza del kirchnerismo en materia agropecuaria: encabezó misiones técnicas, elaboró relevamientos productivos y avaló planes de mecanización, expansión agrícola y transferencia de tecnología que luego sirvieron como sustento para exportaciones de maquinaria, genética y semillas financiadas a través del fideicomiso.
Otro nombre que aparece en el entramado agroindustrial es el del difunto Mario Bragachini, histórico especialista del INTA en mecanización agrícola. Como referente técnico del organismo, participó en misiones oficiales y relevamientos sobre necesidades de maquinaria, siembra y tecnología para la expansión agrícola venezolana. Sus informes y presentaciones fueron utilizados como insumo técnico para justificar la exportación de tractores, cosechadoras, sembradoras y otros equipos argentinos en el marco del fideicomiso.
Uno de los capítulos más sensibles fue el acuerdo con SanCor: en 2006, la cooperativa láctea estaba a punto de ser vendida a Adecoagro (del grupo Soros), pero Néstor Kirchner vetó la venta y propuso una “solución nacional y popular”: el dinero de Chávez. Venezuela prestó 80 millones de dólares -de un prometido total de 135 millones que prestaría el Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela (Bandes)- para salvar la cooperativa. A cambio, SanCor pagaría con miles de toneladas de leche en polvo durante 15 años. SanCor envió el producto, pero Venezuela dejó de cumplir su parte del acuerdo. Llegaron solo US$15 millones. Con la crisis de la cooperativa, se confirmó que el chavismo nunca pagó los últimos embarques. La deuda capital hoy asciende a 18 millones de dólares por la leche en polvo que ningún gobierno logró recuperar.
Pese a los acuerdos fallidos, en casi una década, Venezuela importó desde la Argentina cereales, carnes y menudencias, aceites y subproductos e insumos industriales. Con la llegada de Cristina Kirchner al poder, la operatoria se volvió más voraz y menos disimulada. El ex embajador argentino en Caracas, Eduardo Sadous, destapó la olla. Denunció que existía una “embajada paralela”, manejada por el Ministerio de Planificación (Julio De Vido y Uberti), y los negocios de los Kirchner con Hugo Chávez.
Según su testimonio, para exportar maquinaria o granos a Venezuela y cobrar del fideicomiso, los empresarios debían pagar coimas de entre el 15% y el 20%, para acceder a contratos. Operaban intermediarios con vínculos políticos, algunos sin antecedentes en comercio exterior.
Así aparecieron empresas fantasmas o sin trayectoria (como Bioart S.A.) exportando arroz y maíz con sobreprecios escandalosos, mientras productores tradicionales quedaban fuera del negocio. Exportaban granos a precios muy superiores a los de Chicago, diferencia que se licuaba en la corrupción. Estas prácticas derivaron en causas judiciales en la Argentina, con investigaciones por corrupción y lavado de dinero, aunque muchas nunca llegaron a condenas firmes.
A pesar de las denuncias de violaciones a los DD.HH. y la quiebra económica de Venezuela, el gobierno de Alberto Fernández intentó reactivar este mecanismo zombi en 2022, buscando oxígeno político y económico. Cancillería y el INTA organizaron una misión con empresas como Rizobacter, Biogénesis Bagó y semilleras. Se habló de exportar vacunas antiaftosa y genética porcina, aunque poco se sabe de ese acuerdo.
Fuente: Diario La Naciòn
Córdoba 1826 - Rosario
Tel/Fax: +54 0341 - 4257159 - 4213453 
