Alquila 73.000 hectáreas: una empresa familiar desarrolló un impactante modelo de producción

Pelayo Agronomía, una firma de La Pampa, apuntó a conformar un grupo de propietarios que comparten una propuesta de arrendamientos con buenas prácticas agronómicas y plazos superiores a 12 meses.

Alquila 73.000 hectáreas: una empresa familiar desarrolló un impactante modelo de producción

Es conocido que una proporción muy importante de los suelos agrícolas argentinos presenta importantes grados de deterioro físico y químico. Frente a esa realidad, que pide cambios a gritos, van apareciendo propuestas superadoras. Hoy en el país el 75% de los campos están alquilados con contratos de duración anual.

Pelayo Agronomía SA arrienda 73.000 hectáreas en las que desarrolla cultivos de soja, maíz, girasol, trigo y maní. Para enfrentar el deterioro que genera la agricultura llevada a cabo con contratos anuales, propone extender el horizonte temporal y monitorear permanentemente las condiciones del suelo para mantener o elevar la fertilidad. El control se concreta con empresas que certifican la evolución edáfica mediante indicadores objetivos.

Es una empresa familiar con 38 años de trayectoria en General Pico y su zona de influencia, que emplea de manera directa a 150 personas. Sus principales actividades comprenden la distribución de insumos agropecuarios en el oeste de la provincia de Buenos Aires y en La Pampa, producción de granos en campos arrendados, acopio y comercialización de granos y la multiplicación de semillas de soja y trigo a partir de variedades del semillero Don Mario. En este último rubro, la empresa produce aproximadamente 400.000 bolsas anuales, generadas en los campos alquilados y en convenios con terceros. La semilla original provista por Don Mario es multiplicada, procesada y embolsada en la planta propia de la empresa, y el 75% de las bolsas se comercializa directamente a productores. En los últimos años, la firma también ha incursionado en la actividad ganadera y en la producción de maní.

Problemas con solución

Germán Gabriel Guastella, gerente general de Pelayo Agronomía SA, explica que la empresa siembra desde hace 35 años en campos alquilados y hoy gerencia 73.000 hectáreas distribuidas en cuatro núcleos productivos: nordeste de La Pampa, oeste de Buenos Aires, sur de Córdoba y sur de San Luis. Los principales cultivos son maíz, soja, girasol, con menor superficie de trigo y maní, sembrados y cosechados con contratistas. En el equipo de la firma también están, entre otros, Manuel Pelayo, gerente comercial; Lucas Minetti, responsable del área de sustentabilidad y Agustín Balduzzi, responsable de campo.

En los últimos años, la fuerte competencia por tierras en arrendamiento provocó que los valores de los alquileres se duplicaran y prevalecieran los contratos anuales en quintales fijos, que generalmente provocan un deterioro de los suelos. Frente a esa realidad, la empresa decidió comenzar a dialogar con los propietarios de los campos, no solo para discutir el valor del alquiler, sino también el planteo productivo por desarrollar proponiendo prácticas agronómicas distintas a las posibles bajo contratos de corta duración. De este modo, se buscó trabajar con dueños interesados en un sistema sustentable respaldado por datos objetivos.

“El formato de los contratos de alquiler agrícola más empleado -a quintales fijos y renovación anual- generalmente no permite aplicar un paquete de tecnología que mantenga o mejore la fertilidad de los suelos”, afirma Lucas Minetti, responsable del área de sustentabilidad de la empresa, que se enfoca en la evolución de los suelos en los campos arrendados.

Según Minetti, “en los últimos años comenzaron a detectarse problemas en los rendimientos de los cultivos en los campos en alquiler, principalmente asociados al sistema de contratación”.

Ante esta situación, Pelayo Agronomía decidió buscar una solución y se vinculó con la certificadora AGSUS, que cuenta con un programa específico para monitorear la “salud” del suelo, desarrollado junto con la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de La Pampa y otras instituciones. “Es un programa de certificación de manejo sustentable del suelo y secuestro de carbono, basado en mediciones a campo y análisis de laboratorio, que genera un coeficiente numérico que mide parámetros del suelo – porosidad, desarrollo radical, etc.- anualmente y cuantifica el secuestro de carbono cada cinco años”, se explaya. La certificadora trabaja sobre la ambientación integral del campo, no sobre lotes individuales, y asigna un puntaje a cada establecimiento. Actualmente, aproximadamente el 20% de los campos arrendados por la empresa se encuentra trabajando bajo este sistema.

Certificar la cadena

Dentro de los campos certificados, el cultivo de girasol cumple un rol destacado. El principal comprador es la firma Gente de La Pampa SA, que desde hace años adquiere la producción para fabricar aceite. En un momento decidió dar un paso más y manifestó su intención de vender aceite de girasol a industrias alimenticias que exigen certificaciones de prácticas industriales, sociales y ambientales. A partir de ese propósito, se avanzó con otra certificación de procesos -ISCC Plus- para la producción de girasol asegurando el cumplimiento de estrictas normas sociales y ambientales, lo que dio como resultado un producto diferenciado. En ese proceso, los fabricantes de aceite sumaron a PepsiCo, una de las empresas compradoras del aceite para alinearse, todos, con una forma distinta de hacer negocios, no exclusivamente orientada a lo “verde”, sino considerando la evolución de las demandas de los consumidores.

Propuestas

Las certificaciones implican mediciones periódicas y la elaboración de informes que son remitidos a los propietarios de los campos, con datos objetivos y avalados técnicamente, lo que permite transparentar el manejo realizado y dar sustentabilidad a los planteos productivos. De esta manera, “los dueños de los campos pueden seguir de cerca la evolución de sus tierras”, asegura Guastella.

La empresa aspira crecer más allá del 20% de campos certificados y avanzar hacia contratos con horizontes temporales superiores a los 12 meses. La propuesta incluye el monitoreo permanente de indicadores de calidad de suelo y, a partir de ese esquema, la posterior negociación del valor del alquiler.

El argumento central es que, si bien la tierra no se amortiza, puede deteriorarse en sus cualidades cuando es manejada de manera inadecuada. Por ello, proponen contratos de mayor plazo, con un horizonte móvil de al menos dos años. Por ejemplo, se plantean contratos a tres años que se renuevan anualmente, de modo que al planificar cada campaña se agregue un año adicional al acuerdo.

En campos mixtos, con lomas y bajos, la empresa impulsa propuestas integrales destinando las mejores áreas a la agricultura y orientando las cañadas y medias lomas a la actividad ganadera. También aceptan esquemas de participación económica del propietario en el negocio agrícola, como el aporte de insumos o labores, así como los acuerdos basados en tablas de reparto según rindes y precios, pero estas opciones han perdido vigencia en los últimos años con el telón de fondo de sequías y bajos precios.

En síntesis, Pelayo Agronomía apuntó a conformar un grupo de propietarios que comparten una propuesta de arrendamientos con buenas prácticas agronómicas y plazos superiores a 12 meses, con el objetivo de desarrollar negocios sustentables y de beneficio mutuo.

Para presentar esta forma de trabajo, la empresa organizó una jornada en la que expuso el esquema de certificación junto con los otros integrantes de la cadena, con una recorrida por un campo certificado en Catriló. El encuentro contó con una amplia participación de productores, propietarios de campos, autoridades, contratistas, semilleros y medios de comunicación.

Fuente: Diario La Nación

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