Zafamos. Menos mal que la Argentina no compite con Brasil en el negocio de poroto de soja
El mercado argentino de soja 2025/26 tiene para los empresarios agrícolas una buena y una mala noticia.
La buena es que los valores negociados siguen firmes gracias al hecho de que la mayor parte de la demanda está focalizada en el sector industrial. La mala es que –tal como advirtió Bichos de Campo– el “anabólico” de la suspensión de derechos de exportación está prácticamente “licuado”.
En los últimos meses el sistema de formación de precios de la soja de la nueva cosecha se instrumentó en base a la ponderación de una “ensalada” de alícuotas de derechos de exportación, lo que implica que los valores ofrecidos contenían alícuotas menores a las nominales.
Esa condición –originada a partir de múltiples intervenciones oficiales– fue diluyéndose de manera progresiva hasta converger con la alícuota de la retención actualmente vigente, que es del 24,0% en el caso del po
En otras palabras: el “anabólico” de la suspensión temporaria de derechos de exportación ya expiró y ahora los valores pasan a estar mayormente influenciados por la evolución del mercado internacional (como sucede en cualquier país normal).
En ese contexto, la capacidad de pago teórica de la exportación de soja con un precio FOB oficial –publicado hoy por la Secretaría de Agricultura– de 414 u$s/tonelada para el poroto con embarque en mayo de 2026 no supera un valor FAS de 305 u$s/tonelada.
Sin embargo, el contrato Soja Rosario Mayo 2026 terminó este jueves en el mercado A3 con un valor promedio negociado de 317,7 u$s/tonelada gracias a la demanda de la industria aceitera, que cuenta con un poder de compra superior al de la exportación.
Aparentemente la cosecha brasileña no podrá alcanzar el récord de 180 millones de toneladas a causa de un déficit hídrico en sectores del sur del país y lluvias torrenciales en partes del Cerrado. Pero, aún levantando 175 millones, Brasil va camino a exportar un volumen gigantesco de poroto. Menos mal que la Argentina no compite con su vecino en el negocio de soja sin procesar.
La “bonanza” de los precios de la harina y –fundamentalmente– el aceite de soja se explica por el programa de apoyo de biocombustibles promovido por la gestión de Donald Trump y el auge a nivel mundial del consumo de proteínas cárnicas (luego de que la “agenda 2030” terminara de cansar a gran parte de la población mundial con la campaña contraria a la carne).
Fuente: Bichos de Campo
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