Oro verde cómo es invertir en el fruto seco que es sensación y cuánto dinero se necesita

El pistacho, el “Oro verde” para muchos, comenzó a consolidarse en los últimos años como uno de los cultivos más dinámicos dentro del mapa de inversiones agropecuarias argentinas.

Oro verde cómo es invertir en el fruto seco que es sensación y cuánto dinero se necesita

 En los meses recientes, desarrolladoras especializadas, operadores agrícolas e inversores privados impulsaron nuevos emprendimientos en San Juan, atraídos por un escenario de consumo en expansión y por la búsqueda de activos reales capaces de generar ingresos en dólares. El proceso se intensificó entre fines de 2025 y comienzos de 2026, cuando distintos proyectos estructurados bajo fideicomisos productivos abrieron rondas de suscripción orientadas tanto a grandes patrimonios como a ahorristas interesados en diversificación y cobertura frente a la volatilidad financiera.

Durante las últimas dos décadas, el consumo mundial de pistachos registró un crecimiento sostenido del 6,5% anual, mientras que la oferta avanzó a un ritmo cercano al 5%. Según análisis difundidos por operadores del sector, esta dinámica consolidó una brecha estructural que, de acuerdo con proyecciones del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) y la FAO, podría traducirse en un déficit superior a las 250.000 toneladas hacia 2040. Diversos informes proyectan que ese desfasaje persistirá en el mediano plazo, configurando un entorno de precios relativamente firmes. En paralelo, la producción mundial continúa concentrada en un número acotado de países del hemisferio norte, condicionada por limitaciones de superficie apta, disponibilidad de agua y requisitos climáticos específicos.

La Argentina comenzó a posicionarse como un jugador emergente. La contraestacionalidad respecto de los principales productores globales habilita ventanas comerciales estratégicas. San Juan, en particular, concentra gran parte de la expansión reciente gracias a condiciones edafoclimáticas favorables, baja humedad ambiental y disponibilidad de zonas clasificadas por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) como “aptas sin restricciones” para el desarrollo del pistacho. A ello se suma la incorporación de tecnología de riego presurizado, manejo agronómico de precisión y esquemas de mitigación de riesgo climático, factores que reducen la variabilidad productiva frente a cultivos tradicionales. Proyectos ubicados en zonas como Sarmiento y El Ramblón son algunos de los más destacados.

En términos productivos, el pistacho presenta particularidades que definen la ecuación de riesgo-retorno. La entrada en cosecha comercial suele ubicarse entre el quinto y séptimo año desde la implantación, mientras que el potencial pleno se alcanza hacia el octavo o décimo año. A partir de esa etapa, los rindes tienden a estabilizarse, aunque permanecen sujetos a la variabilidad climática y a la evolución de los precios internacionales.

Las estimaciones productivas difundidas por operadores del sector ubican los rindes de referencia en torno a los 3500 kilos por hectárea. En campañas excepcionales, los volúmenes pueden superar los 6000 kilos, dependiendo de las condiciones climáticas y del manejo agronómico. Como en toda actividad agrícola, el cultivo de pistacho no está exento de riesgos. Las principales variables de incertidumbre se vinculan con factores climáticos, en particular la ocurrencia de heladas tardías y eventos de granizo. Este último se mitiga con la contratación de seguros antigranizo.

Entre las iniciativas de producción, el desarrollo impulsado por AgriCapitals, la firma fundada por Sebastián Barrutia y Juan Berisso, contempla la adquisición directa de hectáreas dentro de la plantación, mediante parcelas con escritura individual. Bajo este formato, el inversor se convierte en titular del activo inmobiliario rural, mientras que la implantación, la gestión técnica del cultivo y la operación productiva quedan bajo administración profesional. La estructura combina la eventual valorización de la tierra con el flujo futuro derivado de la explotación agrícola, en un proyecto diseñado con horizonte de muy largo plazo, asociado a la vida útil del pistachero.

Las proyecciones económicas difundidas por la empresa estiman una tasa interna de retorno (TIR) del 16,5%, calculada a 30 años, junto con ingresos anuales proyectados bajo escenarios de rindes y precios moderados. El precio de referencia considerado en el modelo se ubica en torno a los US$10 por kilo de pistacho, aunque desde la compañía señalaron que, de acuerdo con la evolución reciente del mercado internacional, los valores al momento de entrada en producción podrían situarse por encima de ese nivel. Los resultados se distribuyen de manera proporcional a las hectáreas suscriptas, con liquidaciones previstas en forma anual, una vez concluida la cosecha, y directamente vinculadas al desempeño de cada campaña.

El esquema de ingreso establece una inversión mínima inicial de US$70.000 por hectárea, destinada a la implantación y puesta en marcha del cultivo. Si bien la propuesta comercial promueve la adquisición de dos hectáreas o más —lo que ajusta el precio por escala—, la barrera formal de entrada se ubica en una hectárea. Dentro de ese monto ya se encuentran contemplados los gastos administrativos y legales asociados a la operación.

Durante la etapa previa a la entrada en producción, el inversor debe afrontar costos de mantenimiento estimados en US$11.661 hasta el quinto año. En promedio, representan alrededor de US$2915 anuales por hectárea. Estos desembolsos cubren labores agronómicas, riego, insumos y gestión operativa. A partir del inicio de cosecha, los flujos pasan a depender del rendimiento efectivo del cultivo y de las condiciones del mercado.

En paralelo, AgroFides desarrolla proyectos estructurados bajo fideicomisos agrícolas. La iniciativa es liderada por Juan Ignacio Ponelli, fundador y CEO de la compañía. Bajo este esquema, el inversor adquiere una participación proporcional sobre el conjunto de activos productivos, mientras que el vehículo delega en el fiduciario la implantación del cultivo, el manejo agronómico y la comercialización. Según detalla la firma, el modelo permite ingresar con tickets desde US$30.000 y retornos estimados entre 14% y 20% anual en dólares, una vez alcanzada la madurez productiva.

De acuerdo con las proyecciones difundidas por la empresa, la entrada en producción comercial se ubica entre el sexto y séptimo año desde la implantación, etapa a partir de la cual los resultados comienzan a distribuirse en forma anual. El horizonte extendido del cultivo —con una vida útil que puede superar las cinco décadas— constituye uno de los principales atractivos para perfiles patrimoniales y para inversores que buscan exposición al sector primario sin asumir la gestión directa.

Fuente: Diario La Nación 

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