Soja: especialistas cuestionan a Milei y aseguran que el estancamiento productivo argentino no se explica por las semillas
Investigaciones científicas muestran que el progreso genético de la soja en Argentina avanza a un ritmo similar al de Brasil. Analistas sostienen que la brecha productiva responde más a factores económicos que tecnológicos.
El debate sobre el futuro productivo de la soja volvió al centro de la escena tras el discurso del presidente Javier Milei en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, donde vinculó el crecimiento agrícola brasileño con un supuesto atraso tecnológico del sistema semillero argentino.
“El país vecino triplica su producción utilizando semillas desarrolladas por empresas argentinas que no pueden venderse en la Argentina”, afirmó el mandatario, al anticipar además la intención oficial de avanzar hacia un nuevo régimen de propiedad intelectual para obtentores vegetales, asociado al modelo internacional UPOV 91.
Sin embargo, especialistas del sector y trabajos científicos recientes plantean un diagnóstico diferente: el problema productivo argentino no estaría relacionado con la genética disponible.
La evidencia científica: el progreso genético no se frenó
Un estudio publicado en la revista científica Field Crop Research, elaborado por investigadores de GDM, CONICET y la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, analizó la evolución genética de cultivares de soja desarrollados tanto en Argentina como en Brasil.
Los resultados indican que la tasa de progreso genético durante el siglo XXI fue muy similar entre ambos países. En ambientes de alto rendimiento, las mejoras alcanzaron alrededor de 41 a 43 kilos por hectárea por año, mientras que en ambientes medios y bajos los avances también mostraron diferencias mínimas.
Otros trabajos realizados por investigadores del INTA confirmaron conclusiones similares, detectando ganancias genéticas sostenidas entre 1994 y 2020 en distintas regiones productivas argentinas y grupos de madurez.
Incluso investigaciones conjuntas entre la Universidad Nacional de Rosario, el CONICET y Corteva Agriscience estimaron que el progreso genético promedio de la soja argentina durante 35 años rondó los 42 kg/ha anuales, niveles comparables a los observados en Estados Unidos y Brasil.
Más variedades en Brasil, pero no menos tecnología en Argentina
Es cierto que Brasil registra cada año una mayor cantidad de nuevos cultivares comerciales. Sin embargo, especialistas señalan que esto responde principalmente a condiciones económicas y regulatorias que facilitan la recuperación de inversiones por parte de las empresas semilleras, y no necesariamente a una falta de innovación local.
De hecho, los estudios muestran que, bajo condiciones climáticas favorables, la genética continúa aportando mejoras cercanas al 1% anual en rendimiento, incluso en ambientes con estrés hídrico.
El factor económico detrás de la brecha productiva
Según el análisis técnico, el diferencial productivo entre ambos países estaría más vinculado a variables económicas que tecnológicas.
La comparación de precios ilustra el problema: mientras la soja disponible en Paranaguá se negoció cerca de 411 dólares por tonelada, en Rosario el valor rondó los 332 dólares. Esa brecha —explican los especialistas— reduce la capacidad de inversión del productor argentino y condiciona la adopción tecnológica.
En este contexto, impuestos a la exportación y márgenes ajustados generan estrategias defensivas dentro de las empresas agrícolas, priorizando la supervivencia financiera por sobre la incorporación de nuevas inversiones.
Debate abierto por la Ley de Semillas
El eventual avance hacia un esquema similar a UPOV 91 podría reactivar un debate histórico dentro del agro argentino. Analistas advierten que una reforma sin consenso sectorial podría generar conflictos entre productores, semilleros y otros actores de la cadena.
Por eso, algunos especialistas plantean que antes de modificar el régimen de propiedad intelectual sería necesario actualizar la actual Ley de Semillas (N.º 20.247) mediante acuerdos amplios dentro del sector.
El trasfondo del debate, sostienen, no pasa exclusivamente por la genética disponible sino por las condiciones económicas que determinan cuánto puede invertir el productor en tecnología y cuánto incentivo existe para innovar dentro del sistema productivo argentino.
Fuente: Diario La Nación
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