RIMI: el piso de US$150.000 deja afuera inversiones del campo y genera reclamos del sector
El requisito mínimo de US$150.000 del RIMI genera preocupación en la maquinaria agrícola. Fabricantes advierten que el esquema excluye inversiones habituales del campo y proponen flexibilizar la reglamentación
El nuevo Régimen de Incentivo para las Medianas Inversiones (RIMI) abrió un foco de tensión en la cadena agroindustrial. Si bien la iniciativa busca promover inversiones productivas mediante beneficios fiscales, el piso mínimo de US$150.000 para acceder a la amortización acelerada genera cuestionamientos en el sector de maquinaria agrícola.
Desde la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (Cafma) advirtieron que ese umbral no se ajusta a la dinámica real del agro, donde las inversiones suelen realizarse de manera escalonada y en distintos equipos, más que en una única operación de gran volumen.
“El régimen prioriza inversiones individuales de alto monto, algo que no siempre refleja cómo se invierte en el campo”, explicó Hernán Zubeldía. En ese sentido, el dirigente planteó que muchas herramientas clave —como tolvas, mixers o implementos— tienen valores que oscilan entre US$20.000 y US$100.000, por lo que quedan excluidas si se consideran de forma individual.
Frente a este escenario, el sector ya trabaja en propuestas para la etapa de reglamentación, que depende del Poder Ejecutivo. Una de las principales alternativas es permitir la sumatoria de distintas inversiones para alcanzar el umbral exigido. “Un cabezal, una tolva o una casilla por separado quizás no llegan, pero como paquete sí superan el monto”, ejemplificó Zubeldía.
El planteo es impulsado en conjunto con la Federación Argentina de Cámaras Agroaéreas y podría canalizarse también a través de la Fundación Barbechando, que articula el vínculo entre el agro y el Congreso.
Más allá de que la ley ya fue aprobada, en el sector consideran que la reglamentación abre una ventana para introducir ajustes que permitan adaptar el régimen a la lógica productiva del campo. La preocupación no se limita a los fabricantes, sino que alcanza a toda la cadena, incluyendo contratistas y productores.
El debate se da en un contexto de recuperación para la maquinaria agrícola. Tras un 2024 complicado y un 2025 con mejoras parciales, las perspectivas para 2026 aparecen más alentadoras, impulsadas por una buena campaña agrícola y mayor estabilidad macroeconómica.
En ese escenario, el acceso al financiamiento y a incentivos fiscales resulta clave para sostener la demanda. Por eso, desde el sector insisten en que una mayor flexibilidad en el RIMI podría potenciar la inversión y acompañar el repunte de la actividad.
Así, mientras el Gobierno busca incentivar proyectos productivos, el desafío será ajustar la implementación del régimen para no dejar afuera a una parte significativa de las inversiones reales del campo argentino.
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