El funcionario respaldó su visión con proyecciones que estiman un aporte de hasta US$42.000 millones en divisas para 2026, impulsado por una mejora en los precios internacionales y un incremento de US$8700 millones en las exportaciones respecto del año anterior. Además, destacó la reacción positiva de los productores frente a la baja de impuestos, como retenciones y aranceles a insumos y maquinaria.
Sin embargo, la definición de “boom” abrió un debate dentro del propio sector. Desde la Sociedad Rural Argentina (SRA) valoraron el ingreso de divisas, pero remarcaron que aún persisten obstáculos estructurales. La entidad insistió en la necesidad de avanzar hacia la eliminación definitiva de los Derechos de Exportación (DEX), al considerar que limitan el potencial productivo.
El trasfondo de la discusión es la falta de previsibilidad. Si bien el gobierno de Javier Milei avanzó con reducciones parciales de retenciones, el sector advierte que no existe un cronograma claro. Las decisiones, en muchos casos, respondieron a necesidades coyunturales más que a una estrategia de largo plazo.
En términos productivos, algunos indicadores también relativizan la idea de un auge generalizado. La superficie sembrada con soja, principal generadora de divisas del país, cayó en unas 800.000 hectáreas entre las últimas campañas, reflejando un estancamiento que preocupa al sector. Aun así, si las condiciones climáticas acompañan, la producción podría superar los 50 millones de toneladas.
En paralelo, otros cultivos muestran un mejor desempeño. El maíz y el girasol, con menor carga impositiva relativa, ganaron protagonismo en la rotación agrícola, evidenciando cómo la presión fiscal impacta directamente en las decisiones productivas.
El contexto internacional también suma incertidumbre. La suba de costos en insumos clave, como fertilizantes y combustibles, condiciona los márgenes y obliga a los productores a ajustar estrategias. En este marco, incluso se proyecta una leve caída en la intención de siembra de trigo, según estimaciones privadas.
A pesar de estas tensiones, el agro continúa siendo un pilar central de la economía argentina. Cada año, el sector invierte cerca de US$20.000 millones en la campaña agrícola, sosteniendo niveles de actividad y generación de divisas.
Así, más que un “boom” consolidado, el escenario actual parece reflejar una recuperación con potencial. El desafío hacia adelante será transformar ese impulso en crecimiento sostenido, algo que, según coinciden tanto el Gobierno como el sector, dependerá en gran medida de reglas claras, menor presión fiscal y estabilidad macroeconómica.