El trigo 2026/27 arranca con buen clima, pero el costo de los insumos enfría la siembra
La campaña de trigo 2026/27 comienza a delinearse en la Argentina con una marcada dualidad: mientras el clima ofrece una de las mejores condiciones de arranque de los últimos años, el frente económico introduce fuertes condicionantes que podrían limitar tanto el área sembrada como el nivel tecnológico aplicado.
Durante las últimas semanas, los relevamientos en las principales regiones agrícolas reflejan perfiles de humedad con muy buena recarga, impulsados por las lluvias de marzo y abril. A esto se suma la proyección de un evento climático tipo “Año Niño”, que podría consolidar un escenario favorable durante el invierno. Este combo genera expectativas positivas entre los productores, muchos de los cuales anticipan un potencial “año triguero” si las condiciones se sostienen en el corto plazo.
Sin embargo, el entusiasmo climático encuentra un freno en la economía. El incremento sostenido en los costos de producción, con especial impacto en los fertilizantes —y en particular la urea, con valores que rondan los USD 1000 por tonelada—, está modificando las decisiones de siembra. A diferencia de campañas previas, donde la clave pasaba por la disponibilidad de agua, en este ciclo el foco se trasladó a la rentabilidad y la relación insumo-producto.
En este contexto, la proyección nacional para la campaña 2026/27 ubica el área sembrada en torno a las 6,5 millones de hectáreas. El dato implica una leve caída interanual del 3%, aunque todavía se posiciona un 2,8% por encima del promedio de las últimas cinco campañas.
Fuerte heterogeneidad regional
El análisis por regiones muestra comportamientos dispares. En el NOA y NEA, la intención de siembra presenta una tendencia positiva, apalancada casi exclusivamente en la excelente condición hídrica. En estas zonas, productores destacan que, si el otoño mantiene el patrón húmedo, el área podría incluso superar la del ciclo previo. No obstante, persisten dudas ligadas a los precios y a la disponibilidad de insumos, con alternativas como el girasol ganando terreno en algunos planteos.
En el centro-oeste del país, particularmente en Córdoba, predomina una postura de cautela. Si bien la humedad acompaña y sostiene el interés por el cereal, los márgenes ajustados y el costo de los fertilizantes podrían derivar en estrategias más conservadoras, con menor inversión tecnológica o migración hacia cultivos de invierno como colza o camelina.
La situación cambia en la región núcleo y el centro-este agrícola, donde se observa una tendencia más clara hacia la reducción del área. Allí, el impacto del costo de la urea es determinante y está llevando a muchos productores a replantear sus esquemas productivos. En este escenario, crecen las opciones de cultivos alternativos como carinata o colza, e incluso la posibilidad de pasar directamente a soja de primera.
Por su parte, en el sur del área agrícola —principalmente en Buenos Aires y La Pampa— también se detecta una inclinación a la baja en la intención de siembra. La relación entre trigo y cebada vuelve a ser un factor clave: la cebada, con menores requerimientos de fertilización y la posibilidad de adelantar la cosecha, aparece como una alternativa cada vez más atractiva. A esto se suma la presión de los costos en campos alquilados y la competencia de la ganadería en planteos mixtos.
Una campaña atada a los números
De cara a la siembra, el escenario deja en claro que el trigo dependerá tanto del clima como de la evolución de los costos. Con márgenes ajustados y relaciones insumo-producto menos favorables, las decisiones productivas estarán fuertemente condicionadas por la capacidad de lograr rindes que compensen la inversión.
Así, la campaña 2026/27 se perfila como un ciclo en el que la agronomía y la economía jugarán un partido en simultáneo. El agua está, pero el desafío pasa por transformar esa ventaja en rentabilidad en un contexto cada vez más exigente.
Fuente: Bolsa Cereales de Buenos Aires
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