Cómo mejorar el rendimiento de trigo según el manejo del lote y la nutrición estratégica

En el Simposio Regional FERTILIDAD 2026, el especialista Diego Rotili aseguró que los mejores resultados productivos en trigo dependen de decisiones ajustadas a cada ambiente. Medición de napas, fecha de siembra, nutrición balanceada y diagnóstico de suelo aparecen como variables decisivas para maximizar rindes en regiones semiáridas y subhúmedas.

Cómo mejorar el rendimiento de trigo según el manejo del lote y la nutrición estratégica

La productividad de los cultivos de invierno no depende de recetas universales, sino de decisiones ajustadas a cada lote y a cada campaña. Esa fue una de las principales conclusiones que dejó la exposición de Diego H. Rotili, de la Facultad de Agronomía de la UNLPam, Agroinnova y CREA, durante el Simposio Regional FERTILIDAD 2026 realizado en Santa Rosa, La Pampa.

En el marco del panel técnico “Innovaciones para nutrir efectiva y responsablemente cultivos y pasturas”, el especialista analizó las variables que determinan el rendimiento potencial de los cereales de invierno y remarcó que el manejo agronómico debe apoyarse en diagnósticos precisos del ambiente.

“No hay demasiadas innovaciones en términos de nutrición y protección de cultivos. La clave son las bases ecofisiológicas y un conjunto de variables que resultan del diagnóstico de clima y lote”, explicó Rotili.

En ese sentido, sostuvo que cada ambiente productivo debe ser entendido como un sistema particular. “Para la empresa agropecuaria, el portafolio de productos es cada lote con sus características propias y un manejo adaptado a esas condiciones”, afirmó.

La napa y el año anterior, variables clave

Uno de los ejes centrales de la presentación fue la importancia de la reserva hídrica y el comportamiento de las napas al momento de definir estrategias de siembra y fertilización.

Según Rotili, más allá de los pronósticos asociados al fenómeno Niño, resulta más relevante analizar cómo terminó el ciclo previo y cuál es el estado hídrico del perfil antes de implantar el cultivo.

A partir de ensayos realizados durante una década en regiones semiáridas y subhúmedas, el especialista mostró que la profundidad relativa de la napa es una variable determinante para alcanzar altos rindes.

“Hay una buena recarga otoñal y eso es una señal positiva para los cultivos de invierno. Con estas reservas, el 90% de los lotes está en capacidad de campo y la productividad puede ubicarse cerca de los máximos estimados”, señaló.

Por eso, recomendó medir napas y construir escenarios productivos considerando la interacción entre lote, clima y fecha de siembra.

“No tiene sentido enfocarse en otros aspectos porque no son drivers del negocio”, remarcó.

La fecha de siembra puede definir el rinde

Rotili también puso el foco sobre el impacto de la fecha de siembra en el rendimiento potencial del trigo, especialmente en el oeste bonaerense y este de La Pampa.

Según los datos históricos presentados, luego de los últimos diez días de mayo cada día de atraso genera pérdidas promedio de 13 kilos por hectárea. En ambientes de máxima productividad, esa caída puede alcanzar los 19 kilos por hectárea diarios.

“La fecha de siembra tiene un efecto puro y muy marcado sobre el rendimiento promedio”, advirtió.

A partir de la correcta elección del lote, la genética y la ventana de siembra, recién entonces se puede avanzar hacia el manejo fino de los insumos para construir rendimiento.

Nutrición completa y manejo de largo plazo

El especialista destacó que los planteos con manejo intensificado muestran diferencias significativas respecto de esquemas tradicionales.

Según indicó, los manejos CREA logran en promedio un 13% más de rendimiento respecto de planteos convencionales. Además, el manejo balanceado de macronutrientes aporta otro 8% adicional.

Dentro de las estrategias recomendadas, Rotili insistió en avanzar hacia esquemas completos de nutrición que incluyan nitrógeno, fósforo, azufre y zinc, ajustados mediante diagnóstico de suelo.

“El trigo responde al nitrógeno, al azufre, al zinc y especialmente a la reposición de fósforo”, sostuvo.

En relación con este último nutriente, fue contundente: “Si al trigo le falta fósforo, le falta rendimiento. Y cuando estamos lejos del umbral crítico, perdemos eficiencia en todo el proceso”.

También remarcó la importancia del zinc en los ambientes de la región y recomendó trabajar siempre sobre análisis de suelo para detectar deficiencias y ajustar estrategias.

Nitrógeno: diagnóstico y ajuste económico

Finalmente, Rotili explicó que el manejo del nitrógeno debe construirse sobre dos pilares: la demanda potencial del cultivo según el rendimiento esperado y la oferta real del suelo determinada mediante muestreos.

A partir de allí, recomendó utilizar modelos calibrados regionalmente y ajustar la dosis final considerando el análisis económico del planteo.

“La premisa para que un cultivo de invierno sea rentable es hacer bien las cosas. Si queremos resultados, no hay que salir a bartolear; hagamos bien el trigo”, concluyó.

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