Niño fuerte: cuánto puede llover en la región núcleo
El fenómeno El Niño ya se encuentra instalado y los modelos anticipan que alcanzará su mayor intensidad durante los últimos tres meses de 2026. Frente a este escenario, la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) actualizó un algoritmo desarrollado en 2023 para estimar el comportamiento de las lluvias en la región núcleo.
El análisis fue realizado a partir de los registros de 36 estaciones de la red GEA/BCR y de información actualizada de 10 modelos climáticos. El algoritmo estadístico toma como referencia el comportamiento de las precipitaciones durante los últimos 50 años y su relación con las anomalías de temperatura del Pacífico.
El Niño aumentará las lluvias hacia fin de año
De acuerdo con las estimaciones, el impacto del fenómeno será creciente durante la primavera y el inicio del verano.
En términos generales, el modelo proyecta que las precipitaciones podrían ubicarse alrededor de 30% por encima de lo normal en octubre, 70% en noviembre y 90% en diciembre.
La mayor carga de lluvias aparece así justamente en un período crítico para la agricultura argentina, cuando coinciden la implantación de los cultivos de gruesa y las labores de cosecha de trigo.
Un Niño fuerte, pero con incertidumbre
El consultor de GEA/BCR, Alfredo Elorriaga, explicó que la anomalía actual de la temperatura superficial del Pacífico se ubica en 1,8, frente a 1,25 registrado un mes antes, lo que evidencia una clara tendencia hacia un evento fuerte.
Según el especialista, la fase oceánica comenzó en junio y la atmósfera ya empezó a acoplarse al sistema, por lo que los efectos del fenómeno comenzarán a sentirse con mayor claridad en Argentina.
Las proyecciones actuales ubican el pico del evento en un rango de 2 a 3, aunque el modelo utilizado por el equipo de análisis proyecta un máximo inferior a 2,5.
El escenario tendría características similares al Niño 2015/16, que alcanzó un valor máximo de 2,8, aunque todavía existe un importante nivel de incertidumbre sobre la evolución final.
El gran desafío: sembrar y cosechar con pocos días de piso
El aumento de las precipitaciones no necesariamente representa un escenario negativo para la producción. Después de varias campañas condicionadas por la falta de agua, un Niño fuerte podría favorecer los rindes.
Sin embargo, el problema estará en la recurrencia de las lluvias y en la menor cantidad de días disponibles para realizar las labores.
El mayor desafío será evitar que se acumulen trabajos durante noviembre y diciembre, cuando coincidirán la siembra de soja de primera, la cosecha de trigo, la siembra de soja de segunda y la implantación del maíz tardío.
“Cada semana que avancemos a diciembre, se va a poner más difícil”, advirtió Elorriaga, al remarcar la necesidad de anticipar las tareas y evitar cuellos de botella.
Maíz temprano: una alternativa para adelantarse
Ante la posibilidad de un aumento de las lluvias a medida que avance la primavera, la siembra temprana de maíz podría convertirse en una estrategia a considerar.
Elorriaga señaló que, bajo estas condiciones, sembrar a fines de agosto o principios de septiembre podría ser una alternativa válida, ya que el riesgo de lluvias con grandes acumulados aumenta con el cambio de estación.
No obstante, una implantación temprana también presenta riesgos, especialmente por la mayor duración del período hasta la emergencia y la vulnerabilidad del maíz frente a eventuales anegamientos.
¿Qué puede pasar con el maíz tardío?
El maíz tardío aparece como uno de los cultivos que podría enfrentar mayores dificultades si las lluvias se concentran durante noviembre y diciembre.
La elevada humedad puede complicar la preparación de los lotes y reducir las ventanas de trabajo. Además, el maíz es particularmente sensible a los anegamientos durante las primeras etapas de desarrollo.
La comparación con la campaña 2015/16 permite dimensionar el riesgo. En aquella oportunidad, Argentina perdió alrededor de 6 millones de toneladas de soja como consecuencia del exceso de lluvias y las condiciones cálidas posteriores.
Sin embargo, el escenario para 2027 sería diferente: las proyecciones indican que para abril el fenómeno estará mucho más cerca de la neutralidad.
El calor también será un factor de riesgo
El Niño no solamente puede incrementar las precipitaciones. También existe una mayor probabilidad de olas de calor, especialmente durante el verano.
Elorriaga recordó que durante el último Niño, en la campaña 2023/24, se registraron varias olas de calor durante enero.
Por eso, la campaña 2026/27 podría combinar mayores lluvias con períodos de calor intenso, generando un escenario que exigirá un seguimiento permanente de las condiciones meteorológicas.
El Atlántico podría no sumar humedad
Otro de los factores analizados es el comportamiento del océano Atlántico. Actualmente presenta temperaturas superiores a lo normal y tuvo influencia sobre el ingreso de aire húmedo y cálido registrado durante julio.
Sin embargo, para octubre, noviembre y diciembre los modelos anticipan una anomalía fría en el Atlántico, por lo que no se espera que este océano aporte humedad adicional de manera significativa.
Esto podría ser favorable para el este de Argentina, ya que permitiría que el incremento de las lluvias asociado al Niño no se vea reforzado por otro forzante climático.
Una campaña que exigirá anticipación
El escenario proyectado combina una oportunidad productiva con importantes desafíos operativos. La mayor disponibilidad de agua podría favorecer los cultivos, pero las lluvias frecuentes podrían reducir las ventanas de trabajo.
Por eso, la clave para la campaña gruesa será anticiparse, aprovechar cada período de piso disponible y evitar la acumulación de labores hacia noviembre y diciembre.
El Niño podría traer el agua que el campo argentino necesita, pero también poner a prueba la capacidad del productor para trabajar con pocas ventanas y una alta recurrencia de precipitaciones.
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