Riego en ganadería: cómo reducir el riesgo y sostener la producción
El riego de forrajes puede funcionar como un verdadero seguro productivo para la ganadería: permite aumentar la disponibilidad de alimento, sostener la carga animal y reducir la vulnerabilidad frente a las sequías.
En los sistemas ganaderos, el impacto de una sequía no queda limitado a la producción de pasto. La menor disponibilidad de forraje puede obligar a reducir la carga, comprar alimento a valores elevados o vender hacienda en momentos desfavorables.
Por eso, el análisis económico del riego en ganadería requiere mirar más allá de los kilos adicionales de materia seca que genera cada milímetro de agua.
El tema fue abordado durante el Congreso Argentino de Forrajes, donde el ingeniero agrónomo Aquiles Salinas presentó distintos resultados sobre el impacto del riego en la producción de forraje.
Regar una parte para proteger todo el sistema
Uno de los casos analizados corresponde al Campo Anexo de Dean Funes del INTA, donde se evaluó un sistema de cría de 200 hectáreas.
En el escenario completamente de secano, la carga estimada era de 100 equivalentes vaca. Al incorporar riego solamente en 20 hectáreas, equivalentes al 10% de la superficie, la carga potencial ascendía a 132 equivalentes vaca.
El ejercicio muestra que no necesariamente es necesario regar todo el establecimiento para conseguir un impacto significativo sobre el sistema productivo.
La incorporación de una superficie estratégica bajo riego permitió, según los rendimientos utilizados en el análisis, incrementar aproximadamente 32% la carga animal.
¿Cuánto produce cada milímetro de agua?
La respuesta del cultivo al agua varía según la producción. Entre los ejemplos presentados se encuentran:
- Soja: 6,92 kg de materia seca por milímetro.
- Trigo: 11,52 kg/mm.
- Maíz: 22,35 kg/mm.
- Maíz para silo: 45,29 kg de materia seca/mm.
Sin embargo, medir solamente los kilos producidos no alcanza para determinar el verdadero valor económico del riego.
La pregunta central pasa a ser cuánto ingreso adicional permite generar cada milímetro de agua aplicado y qué capacidad tiene el sistema para transformar ese forraje en carne o leche.
El valor del agua aumenta con el agregado de valor
El destino de la producción modifica la ecuación económica.
En una actividad ganadera, por ejemplo, el forraje producido puede transformarse en kilos de carne. En un tambo, puede convertirse en producción de leche.
Por eso, el valor del agua no depende únicamente de la respuesta agronómica del cultivo, sino también de lo que el sistema productivo puede hacer con esa materia seca.
Esta diferencia resulta particularmente importante cuando se compara la producción de cultivos destinados a cosecha con aquellos utilizados como alimento para el rodeo.
Maíz para silo: una diferencia clave
Los sistemas lecheros muestran con claridad el efecto del riego.
En el caso del maíz para silo analizado durante la presentación, los rendimientos promedio alcanzaron 41.000 kilos de materia verde por hectárea bajo riego, frente a 19.000 kilos en secano.
Esto representó un incremento del 108% en la producción acumulada.
Pero el beneficio no estuvo solamente en obtener más materia seca. El riego suplementario permitió cumplir con los calendarios productivos y cubrir los componentes de la dieta en una superficie menor que la necesaria bajo condiciones de secano.
El riego como herramienta para manejar el riesgo
El riego no elimina los riesgos productivos. Continúan siendo determinantes factores como la disponibilidad de agua, la energía, el suelo, el mantenimiento de los equipos y el manejo agronómico.
Lo que cambia es la exposición del sistema a la variabilidad de las precipitaciones.
En ganadería, contar con una superficie estratégica bajo riego puede permitir asegurar una reserva de alimento, sostener determinada carga animal y reducir la necesidad de tomar decisiones de emergencia durante una sequía.
En los tambos, además, puede aportar mayor previsibilidad para planificar la dieta y sostener la producción.
¿Dónde está el negocio?
La principal conclusión es que el negocio del riego no necesariamente consiste en regar la mayor superficie posible.
La decisión puede estar en identificar qué parte del sistema necesita mayor estabilidad y concentrar allí la inversión.
Una superficie relativamente pequeña destinada a producir forraje de manera más estable puede tener un impacto sobre todo el establecimiento si permite sostener la carga, generar reservas y evitar compras de emergencia.
Así, el riego deja de ser solamente una herramienta para aumentar los rendimientos y se convierte en una estrategia para administrar el riesgo productivo y económico de la ganadería.
Un milímetro de agua no vale solamente por los kilos de forraje que genera: también vale por las decisiones que permite tomar y por los riesgos que ayuda a evitar.
Aporte del Ing. Aquiles Salinas del sitio Regantes
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