El Niño: claves para planificar la próxima campaña agrícola
Ante la llegada de El Niño, una especialista del INTA recomendó a los productores no basar sus decisiones únicamente en la expectativa de mayores lluvias. Medir el agua disponible en el suelo, seguir las napas, conocer cada lote y utilizar pronósticos de corto plazo serán claves para aprovechar las oportunidades y reducir el riesgo de excesos hídricos.
La llegada de El Niño plantea un escenario climático que puede generar oportunidades para la producción, pero también riesgos asociados al exceso de agua. Frente a este contexto, la investigadora del INTA Natalia Gattinoni recomendó planificar la próxima campaña a partir de información concreta de cada establecimiento y no solamente de los pronósticos estacionales.
Durante su participación en Negocios del Campo, organizado por LA NACION, la especialista señaló que existen dos herramientas fundamentales para tomar decisiones: la información climática anticipada y la experiencia acumulada por productores y asesores frente a diferentes escenarios.
El Niño marca el escenario, pero no define las lluvias
Gattinoni explicó que los modelos analizados muestran condiciones de El Niño fuertes a muy fuertes, aunque aclaró que la intensidad del fenómeno no permite determinar automáticamente cuánta lluvia recibirá cada región productiva. “La intensidad de El Niño refiere al calentamiento del océano Pacífico ecuatorial”, explicó la especialista, al advertir que esa señal no puede traducirse directamente en milímetros de precipitaciones para cada zona.
En distintas regiones de Argentina existen mayores probabilidades de registrar lluvias por encima de los valores normales, especialmente en el nordeste del país. Sin embargo, el comportamiento puede presentar diferencias importantes entre regiones.
Por eso, una de las principales recomendaciones consiste en no tomar el pronóstico estacional como una definición cerrada de toda la campaña.
Los fenómenos atmosféricos de menor escala pueden modificar las condiciones previstas y deben ser monitoreados mediante pronósticos de períodos más cortos, de aproximadamente 15 días a un mes.
Medir el agua del suelo y controlar las napas
Uno de los principales puntos señalados por la especialista fue la necesidad de conocer la disponibilidad de agua en cada lote antes de tomar decisiones productivas.
No alcanza con observar la humedad superficial. También es necesario considerar los cuerpos de agua, la situación hidrológica y especialmente el nivel de las napas.
Las precipitaciones registradas durante agosto dejaron sectores de Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, Chaco y Formosa con buenas reservas hídricas y, en algunos casos, con situaciones de anegamiento e inundación.
En este contexto, Gattinoni remarcó que “el agua en el suelo va a ser clave” para definir las estrategias de la próxima campaña.
Una buena disponibilidad hídrica puede disminuir el riesgo de una sequía repentina, pero al mismo tiempo incrementa la necesidad de monitorear posibles excesos, anegamientos e inundaciones.
Cada lote requiere una estrategia diferente
Otro de los aspectos destacados fue la importancia de conocer el relieve, el paisaje y las características de cada ambiente productivo.
La respuesta frente a El Niño no será igual en todos los establecimientos. Las condiciones del suelo, el relieve, las napas y la disponibilidad hídrica pueden generar escenarios muy diferentes incluso dentro de una misma región.
Por eso, la especialista recomendó evitar estrategias generales y adaptar las decisiones a las características particulares de cada lote.
Ventanas de oportunidad para las labores
El escenario climático asociado a El Niño puede alternar períodos de precipitaciones abundantes con intervalos de menores acumulados.
Ante esa variabilidad, la planificación será fundamental para aprovechar las denominadas “ventanas de oportunidad”, es decir, períodos con condiciones adecuadas para realizar las labores agrícolas.
Gattinoni aconsejó actualizar permanentemente las decisiones con información meteorológica de corto plazo. “La planificación y el actuar a tiempo son fundamentales”, sostuvo.
La recomendación también alcanza a la ganadería, donde el seguimiento del clima puede contribuir a anticipar decisiones vinculadas con el movimiento y manejo de la hacienda.
Oportunidad y riesgo para la próxima campaña
El escenario que plantea El Niño combina mayor disponibilidad potencial de agua y riesgo de excesos hídricos. Por eso, el desafío para los productores será transformar la información climática en decisiones concretas.
El seguimiento del fenómeno deberá complementarse con el monitoreo de las condiciones reales de cada establecimiento, especialmente el agua acumulada en el suelo y las napas.
De esta manera, más que esperar que El Niño determine por sí solo el resultado de la campaña, la estrategia será conocer cada ambiente, anticiparse a los cambios y ajustar las decisiones a medida que avance el ciclo productivo.
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