Enfermedades del maíz: cómo detectarlas y qué hacer para potenciar el cultivo
El 5° Congreso Internacional de Maíz puso el foco en las enfermedades que afectan al cultivo y en las herramientas para identificarlas a tiempo. Especialistas analizaron el avance de bacteriosis, Curvularia y Bipolaris, además del impacto del achaparramiento, y destacaron el papel de la genética y el manejo sanitario para sostener los rindes.
Este miércoles 30 de septiembre comenzó el 5° Congreso Internacional de Maíz en el Centro de Convenciones del Complejo Ferial Córdoba. Ante una Sala Syngenta colmada, especialistas analizaron la evolución de las principales enfermedades que afectan al cultivo y plantearon estrategias para mejorar su diagnóstico y manejo.
La charla “Enfermedades: de las emergentes a las conocidas” fue moderada por Roberto De Rossi, ingeniero agrónomo y fitopatólogo, quien propuso ampliar la mirada luego del fuerte impacto que tuvo el complejo del achaparramiento.
“Venimos con mucho bombardeo de lo que fue el achaparramiento, pero es momento de pensar qué otras cosas pasan en el cultivo”, señaló.
De Rossi destacó la necesidad de analizar en conjunto las enfermedades, el clima y la genética para comprender cómo evolucionan las problemáticas sanitarias del maíz. En ese sentido, planteó a Brasil como referencia para anticipar escenarios que podrían presentarse en Argentina.
Bacterias: la importancia de detectar las heridas
La bióloga Cristina Plazas abordó las principales bacterias que afectan al cultivo y señaló que algunas comenzaron a generar preocupación en diferentes campañas.
Según explicó, actualmente la mancha blanca concentra buena parte de la atención, mientras que otras bacteriosis tienen una incidencia menor.
La especialista remarcó una diferencia clave para el diagnóstico: las bacterias necesitan ingresar a la planta a través de heridas, a diferencia de los hongos, que cuentan con otros mecanismos de penetración.
En ese sentido, señaló que después de una tormenta pueden generarse condiciones favorables para la aparición de bacteriosis, especialmente cuando se combinan heridas en los tejidos y vientos de alta velocidad durante los días posteriores.
Plazas también se refirió a Curvularia, una enfermedad que observó con una distribución importante en el norte del país. Si bien consideró que actualmente no presenta una gran importancia, planteó la necesidad de seguir su evolución durante las próximas campañas.
Genética y manejo, dos claves para sostener el rendimiento
El ingeniero agrónomo Fernando Guerra destacó la evolución de las enfermedades en el maíz durante los últimos años y el papel que tiene la genética para enfrentar nuevos desafíos.
“En los últimos cinco años, nos encontramos con cinco bacterias que son clásicas, pero que nos permiten seguir trabajando”, explicó.
Para el especialista, la genética constituye una herramienta central para sostener la producción frente a los diferentes factores que pueden limitar el cultivo.
“La genética nos permite atravesar desafíos. No hablar de genética es no hablar de producción de maíz”, sostuvo.
El planteo adquiere especial relevancia ante la aparición del complejo del achaparramiento y otras enfermedades que presentan características particulares y obligan a ajustar las estrategias de manejo.
Brasil muestra el escenario que puede enfrentar Argentina
El fitopatólogo Marcelo Madalosso tomó como referencia la experiencia brasileña para analizar la evolución de las enfermedades foliares y las estrategias de manejo.
El especialista remarcó que el análisis sanitario debe estar acompañado por una mirada sobre la fisiología de la planta y su capacidad para desarrollar mecanismos de defensa.
Uno de los datos que presentó fue el crecimiento en el uso de fungicidas en Brasil: según indicó, pasó de un promedio de 0,3 aplicaciones en 2010 a 2,7 en 2026.
Madalosso consideró que Argentina se encuentra actualmente frente a problemas sanitarios que Brasil atravesó años atrás. Entre ellos mencionó el avance de las enfermedades aéreas.
También destacó el crecimiento de Bipolaris maydis, favorecido por condiciones de alta humedad y lluvias, que facilitan la dispersión del patógeno entre plantas.
“Cuanto antes empiece la temporada de lluvia, antes tenemos que comenzar con los fungicidas”, planteó.
Un método rápido para diferenciar bacterias de hongos
Durante su exposición, Madalosso explicó además una metodología sencilla para realizar una primera identificación de una posible infección bacteriana.
El procedimiento consiste en realizar un corte sobre la zona amarilla de la hoja, teniendo en cuenta que la bacteria puede encontrarse en el interior del tejido y no solamente sobre su superficie.
Luego, el material vegetal se coloca en agua para observar si se produce el desprendimiento o migración de bacterias.
Este método permite obtener una orientación rápida para determinar si se está frente a una problemática bacteriana o fúngica y, a partir de allí, definir cómo avanzar con el manejo.
El desafío es anticiparse
Las exposiciones coincidieron en la necesidad de fortalecer el monitoreo y el diagnóstico temprano de las enfermedades del maíz. La combinación de genética, ambiente, fisiología, monitoreo y manejo sanitario aparece como una de las herramientas centrales para enfrentar un escenario en el que las enfermedades continúan evolucionando.
La experiencia de Brasil funciona como referencia para Argentina, que enfrenta nuevas problemáticas sanitarias y debe ajustar sus estrategias para proteger el potencial productivo del cultivo.
Fuente: Prensa Congreso Internacional de Maíz
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