Siembra directa: cayó al 80,6% el área agrícola en 2025/26

La superficie agrícola bajo siembra directa cayó al 80,6% en la campaña 2025/26, dos puntos porcentuales menos que el ciclo anterior. Un relevamiento de Aapresid detectó que las malezas explicaron el 48,5% del área laboreada, mientras que la compactación y otras causas también ganaron peso.

Siembra directa: cayó al 80,6% el área agrícola en 2025/26

La siembra directa volvió a retroceder en Argentina durante la campaña 2025/26. Según un relevamiento de la Red de Manejo de Plagas de Aapresid (REM), el 80,6% de las 31,71 millones de hectáreas agrícolas relevadas se trabajó bajo este sistema, frente al 82,6% registrado en 2024/25.

El nuevo dato confirma una tendencia descendente que se mantiene desde el máximo alcanzado en 2017/18, cuando la siembra directa llegó a representar el 93% del área agrícola nacional, de acuerdo con los registros de ReTAA de la Bolsa de Cereales.

El relevamiento fue realizado a partir de consultas a referentes de 204 partidos y departamentos, quienes estimaron qué proporción de la superficie agrícola de cada zona se manejó bajo siembra directa y cuál recibió algún tipo de labranza.

Aapresid aclara que se trata de estimaciones y no de mediciones directas a campo. Además, los motivos de la remoción corresponden a la apreciación de los informantes y no constituyen relaciones causales establecidas experimentalmente.

Las malezas, la principal causa de la labranza

Por segundo año consecutivo, el control de malezas aparece como el principal motivo para recurrir a la labranza. Representó el 48,5% de la superficie laboreada a nivel nacional, es decir, prácticamente la mitad del área que fue removida.

El problema adquiere diferentes dimensiones según la región. En Salta, La Pampa, el centro y norte de Buenos Aires y Entre Ríos, la labranza asociada al control de malezas ganó participación respecto del relevamiento 2024/25.

Para Aapresid, este comportamiento puede estar indicando un agravamiento de la problemática de malezas en determinadas zonas, aunque la hipótesis requiere estudios específicos para establecer sus causas.

Compactación: otro de los grandes motivos

La compactación del suelo representó el tercer motivo declarado de labranza, con 1,57 millones de hectáreas, equivalentes al 25,6% de toda la superficie laboreada.

El fenómeno presentó particularidades regionales. En Entre Ríos y Catamarca, la compactación incluso superó al control de malezas como causa de labranza, mientras que en Córdoba ambos factores tuvieron una relevancia similar.

El informe también destaca que el 26% del área laboreada —unas 1,60 millones de hectáreas— fue asociado a “otras causas”.

Alquileres, restricciones y decisiones de corto plazo

Dentro de ese grupo aparecen factores que exceden estrictamente la decisión agronómica, como cultivos que requieren laboreo para su cosecha, restricciones al uso de fitosanitarios, particularmente en zonas periurbanas, contratos de arrendamiento de corto plazo y aumentos en los costos de los insumos.

En este sentido, el avance de la labranza no necesariamente implica un desconocimiento de las ventajas de la siembra directa. Según el análisis de Aapresid, puede ser la consecuencia de un sistema productivo condicionado por decisiones de corto plazo y por restricciones que dificultan sostener estrategias de manejo a largo plazo.

Una caída que no es igual en todo el país

El comportamiento de la siembra directa presenta importantes diferencias regionales. San Luis, Buenos Aires, La Pampa y Chaco fueron las provincias que declararon los mayores retrocesos de la superficie bajo siembra directa.

En cambio, Entre Ríos, Santiago del Estero y Santa Fe registraron incrementos de la superficie manejada bajo este sistema.

La diversidad de situaciones también se observa dentro de cada provincia, por lo que el relevamiento plantea que no existe una única explicación para el avance de la labranza.

Aapresid advierte que remover el suelo no resuelve el problema de fondo

Desde la REM remarcan que el retroceso de la siembra directa no debería interpretarse como una evidencia de que la tecnología dejó de funcionar.

La entidad sostiene que la labranza puede convertirse en una respuesta de corto plazo frente a problemas que requieren estrategias de manejo más integrales.

En el caso de las malezas, estudios realizados por investigadores de FAUBA y la Universidad de Clemson en Argentina indican que las labranzas ocasionales sobre lotes con una extensa historia bajo siembra directa no generan diferencias significativas en la riqueza y abundancia de malezas.

El enfoque propuesto apunta, en cambio, a combinar diversificación e intensificación de las rotaciones, monitoreo, diagnóstico y distintas herramientas de manejo adaptadas a cada ambiente.

Algo similar ocurre con la compactación. Un meta-análisis de FAUBA en la Pampa Húmeda concluyó que las labores subsuperficiales sin inversión utilizadas para reducir la compactación profunda tienen una duración limitada, de no más de 17 meses.

Por eso, el informe plantea la necesidad de avanzar con estrategias preventivas como cultivos de cobertura, rotaciones diversificadas y tránsito controlado.

El desafío es sostener el sistema

Para Aapresid, la discusión no debería reducirse a “siembra directa sí o no”, sino avanzar hacia una mirada sobre las condiciones que están llevando a los productores a remover el suelo.

La adaptación de las malezas, los cambios ambientales, el mayor peso y capacidad de la maquinaria, las estructuras de costos, los esquemas de arrendamiento y las restricciones al uso de determinadas herramientas forman parte de un escenario productivo más complejo.

En ese contexto, defender la siembra directa implica generar sistemas capaces de responder a esas nuevas presiones sin perder los beneficios construidos durante décadas.

El desafío, concluye el análisis, no consiste solamente en conservar hectáreas bajo siembra directa, sino en crear las condiciones para que la remoción deje de ser la respuesta a problemas que requieren soluciones de fondo.

Fuente: Prensa Aapresid

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