INTA: el ambiente define el impacto del manejo agrícola

Un estudio internacional en el que participó el INTA Balcarce determinó que los efectos del manejo agrícola sobre la biodiversidad, el suelo y la productividad dependen fuertemente de las condiciones ambientales. En el sudeste bonaerense, el manejo orgánico registró rendimientos de trigo y cebada 60% inferiores al convencional.

INTA: el ambiente define el impacto del manejo agrícola

El ambiente puede definir el impacto del manejo agrícola sobre la biodiversidad, el funcionamiento del suelo y la productividad. Esa es una de las principales conclusiones de un conjunto de investigaciones realizadas en el marco de SoilGuard, un proyecto internacional que reunió a 25 instituciones de 17 países.

La iniciativa fue coordinada por Leitat Technological Center de España y contó con financiamiento del programa Horizon 2020 de la Unión Europea. El proyecto se desarrolló entre 2021 y 2025 y permitió comparar sistemas agrícolas de distintas regiones y bajo diferentes condiciones ambientales.

La Argentina participó a través de investigadoras e investigadores del INTA Balcarce y el Conicet, quienes relevaron 20 establecimientos productivos del sudeste de la provincia de Buenos Aires. Los resultados obtenidos fueron incorporados a trabajos científicos publicados en Nature Sustainability, Global Change Biology y One Earth.

El suelo responde al manejo, pero también al ambiente

Debajo de cada lote agrícola existe una comunidad biológica integrada por hongos, bacterias, protistas, nematodos, ácaros, lombrices y otros organismos. Estos microorganismos y organismos participan en procesos esenciales, como la disponibilidad de nutrientes y la regulación del agua y el carbono.

El estudio internacional mostró que la relación entre manejo agrícola, biodiversidad y productividad es más compleja que una comparación directa entre agricultura convencional y orgánica.

En una investigación sobre 179 lotes de ocho regiones del mundo, los modelos indicaron que los paisajes agrícolas con al menos un 50% de manejo orgánico presentaron un mejor equilibrio entre rendimiento, biodiversidad y multifuncionalidad del suelo.

Sin embargo, otro análisis sobre 160 sitios agrícolas de cuatro continentes mostró que factores ambientales como la temperatura, las precipitaciones extremas, la aridez, el pH y la textura del suelo explicaron una proporción mucho mayor de la variación de la biodiversidad que el tipo de manejo.

La evidencia refuerza así la necesidad de analizar las prácticas agrícolas dentro de cada ambiente y evitar trasladar automáticamente resultados obtenidos en otras regiones.

Qué pasó en el sudeste bonaerense

La participación argentina permitió incorporar información de sistemas productivos del sudeste bonaerense. Durante la primavera de 2022, investigadores del INTA y el Conicet analizaron 20 establecimientos: 10 con manejo convencional y 10 con manejo orgánico.

Los lotes estaban destinados a trigo y cebada y fueron seleccionados considerando un gradiente de degradación relacionado con la erosión hídrica y el contenido de carbono orgánico.

En los sistemas analizados, el tipo de manejo no produjo diferencias claras sobre la biodiversidad ni sobre la multifuncionalidad del suelo.

Tampoco se observaron diferencias significativas entre los sistemas convencional y orgánico al evaluar distintos servicios ecosistémicos, entre ellos la formación del suelo, la regulación climática e hídrica, el control de plagas y la calidad del agua.

La principal diferencia apareció en la productividad agrícola.

El rendimiento orgánico fue 60% menor

En los establecimientos estudiados del sudeste bonaerense, el rendimiento de trigo y cebada bajo manejo orgánico fue, en promedio, 60% inferior al registrado bajo manejo convencional.

La brecha fue considerablemente mayor que la observada en el análisis global de SoilGuard, donde la reducción de productividad asociada con la producción orgánica se ubicó en torno al 32%.

Los investigadores advierten, sin embargo, que este resultado no permite establecer que un sistema sea necesariamente superior al otro desde una perspectiva económica o ambiental.

El rendimiento físico constituye solamente una de las dimensiones que deben considerarse. También entran en juego los costos de producción, el uso de insumos y los beneficios ambientales que no necesariamente quedan reflejados en el precio del grano.

No existen recetas universales

Los resultados obtenidos en Argentina muestran la importancia de generar evidencia científica en los propios ambientes productivos.

Una práctica que presenta determinados resultados en una región puede tener efectos diferentes en otra debido a las características climáticas, edáficas y productivas.

En el sudeste bonaerense, el desafío consiste en determinar qué combinaciones de prácticas permiten sostener la producción y, al mismo tiempo, conservar o mejorar las funciones del suelo.

Entre las herramientas posibles aparecen los cultivos de cobertura, las rotaciones, el manejo de residuos, la reducción de las pérdidas de suelo y el uso eficiente de insumos, siempre evaluados de acuerdo con las condiciones específicas de cada ambiente.

Una agricultura adaptada a cada ambiente

Para los investigadores, el desafío futuro pasa por desarrollar sistemas de evaluación que permitan analizar simultáneamente productividad, biodiversidad, funcionamiento del suelo y resultados económicos.

SoilGuard también amplió el análisis de la biodiversidad mediante el denominado Soil Biodiversity and Well-being Framework, un marco conceptual destinado a vincular cuantitativamente la biodiversidad del suelo con el bienestar humano.

La participación del INTA Balcarce permitió incorporar los sistemas productivos argentinos a una investigación de escala internacional y, al mismo tiempo, aportar evidencia obtenida en condiciones locales.

La principal enseñanza es que el manejo agrícola no puede evaluarse aislado del ambiente: conocer las características de cada región será determinante para diseñar sistemas productivos que logren combinar rendimiento, conservación del suelo y biodiversidad.

Fuente: Prensa INTA

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