Riego solar: una alternativa para campos sin electricidad

Un sistema de riego solar para campos sin acceso a la red eléctrica avanza como alternativa para mejorar el manejo del agua en cultivos extensivos. Especialistas del INTA Manfredi, Córdoba, evaluaron durante cuatro años un equipo autónomo de riego por goteo enterrado alimentado con paneles fotovoltaicos y definieron parámetros técnicos para proyectar instalaciones según la superficie y las necesidades de cada cultivo.

Riego solar: una alternativa para campos sin electricidad

La instalación inicial cubrió seis hectáreas y contó con una bomba de 10 kilovatios (kW), capaz de entregar un caudal de 24 metros cúbicos por hora, y un parque fotovoltaico con una potencia máxima de 18 kW.

La diferencia entre la potencia de los paneles y la demanda de la bomba permite extender el funcionamiento durante períodos de menor radiación solar, incluso en días nublados. A diferencia de un sistema conectado a la red, el equipo autónomo depende de la disponibilidad de luz para poner en marcha el bombeo y aprovechar la energía generada durante el día.

Ignacio Severina, investigador del INTA Manfredi, explicó que esta tecnología puede ser especialmente útil en establecimientos donde llevar electricidad resulta demasiado costoso. En sistemas conectados a la red, por su parte, los paneles solares pueden complementar el suministro convencional y reducir entre un 20 y un 30 % el costo de la energía, según indicó el especialista.

Qué resultados obtuvieron en trigo, soja y maíz

Los ensayos iniciales se distribuyeron en dos planteos: tres hectáreas con rotación de trigo y soja de segunda, y otras tres con maíz. Durante los primeros dos años, el objetivo fue determinar cuánta agua podía aplicarse con el sistema solar y establecer referencias de horas de funcionamiento diarias y mensuales.

En trigo, la lámina de riego pasó de unos 300 mililitros con el sistema eléctrico a 520 mililitros con energía solar. El rendimiento aumentó de 55 a cerca de 70 quintales por hectárea. Sin embargo, el investigador advirtió que la comparación debe tomarse con cautela porque enfrenta diez años de registros del sistema eléctrico con apenas dos años de ensayos solares.

En soja de segunda, el agua aplicada pasó de 100 a 300 mililitros, mientras que el rendimiento se mantuvo cerca de los 35 quintales por hectárea. En maíz, la lámina aumentó de 250 a 500 mililitros y la producción pasó de 15 a 16 toneladas por hectárea.

Los resultados mostraron que disponer de más horas de bombeo no necesariamente se traduce en una mejora proporcional de los rindes. Según Severina, el sistema eléctrico ya permitía ajustar el riego a la demanda de los cultivos mediante el balance hídrico.

A partir de esa evidencia, el equipo modificó la estrategia y amplió la superficie de seis a doce hectáreas, sin cambiar la bomba. El objetivo fue aprovechar la capacidad disponible y ajustar el volumen de agua a las necesidades de cada cultivo.

En esta segunda etapa, el trigo recibió alrededor de 350 mililitros de lámina de riego y alcanzó 65 quintales por hectárea. El maíz utilizó unos 250 mililitros y obtuvo 15 toneladas por hectárea, mientras que la soja de segunda recibió cerca de 200 mililitros y mantuvo un rendimiento aproximado de 35 quintales por hectárea.

La experiencia permitió comprobar que la misma infraestructura podía abastecer el doble de superficie sin una caída relevante de los rendimientos. La clave fue utilizar el agua de acuerdo con los requerimientos de los cultivos, en lugar de aprovechar toda la energía solar disponible para regar sin considerar la demanda hídrica.

Cuánta potencia se necesita para regar un campo

Uno de los principales aportes del trabajo fue establecer referencias para dimensionar instalaciones de riego solar antes de realizar la inversión. El equipo determinó un caudal de diseño cercano a los dos metros cúbicos por hora por hectárea.

Con ese parámetro, un establecimiento que pretenda regar 50 hectáreas necesitaría un caudal aproximado de 100 metros cúbicos por hora. A partir de ese requerimiento se seleccionaría la bomba, que en el ejemplo planteado por el especialista podría demandar unos 100 kW, con un parque fotovoltaico cercano a los 200 kW.

La recomendación es instalar paneles con una potencia superior a la requerida por el equipo de bombeo. Como referencia, los ensayos proponen dimensionar el parque solar con cerca del doble de potencia que la bomba para ampliar la ventana diaria de funcionamiento y aprovechar períodos con radiación menos intensa.

En la zona de influencia del INTA Manfredi, el sistema registra unas 1950 horas anuales de riego, con un promedio cercano a siete horas diarias durante el período de uso. La disponibilidad es menor en invierno y aumenta en verano.

Los ensayos también permitieron establecer láminas orientativas de riego de unos 300 mililitros para trigo, 250 mililitros para maíz y 200 mililitros para soja. Estos valores, junto con el caudal, la potencia instalada y las horas de funcionamiento, constituyen referencias para evaluar qué superficie puede abastecer una instalación autónoma.

Los parámetros deben adaptarse a las condiciones de cada establecimiento, especialmente a las características de la fuente de agua, la demanda de los cultivos y la radiación solar disponible.

El riego y la energía, en el centro de Exporiego 2026

La 9ª Reunión Internacional de Riego y la 3ª Exporiego se realizarán el 14 y 15 de octubre en el INTA Manfredi, Córdoba. El encuentro reunirá a productores, asesores, investigadores, estudiantes, empresas y especialistas nacionales e internacionales.

La agenda incluirá novedades en sistemas de riego, energías renovables, automatización y agricultura de precisión, además de instancias de actualización técnica e intercambio de experiencias.

La investigación sobre riego solar se suma así a la búsqueda de alternativas para ampliar el acceso al agua en la producción agrícola, especialmente en campos alejados de la infraestructura eléctrica. Los resultados del INTA ofrecen una base técnica para evaluar la viabilidad de estos sistemas y ajustar su diseño a las necesidades productivas de cada establecimiento.

Fuente: Prensa INTA

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