Maíz en el NEA: la materia orgánica y el agua definen el rendimiento
Un estudio del INTA y Aapresid, basado en 62 ensayos en el Gran Chaco argentino, identificó a la materia orgánica del suelo y al agua disponible como factores determinantes del rendimiento del maíz en el NEA. Además, ajustar la fecha de siembra, la disponibilidad de nitrógeno y la elección del híbrido puede elevar la productividad cerca de un 20%, equivalente a unos 1.500 kilos por hectárea.
La materia orgánica del suelo y el agua disponible al momento de la siembra son dos de los principales factores que condicionan el rendimiento del maíz en el nordeste argentino (NEA). Así lo determinó un estudio de la Red de Maíz NEA, desarrollado con la participación del INTA y Aapresid, que analizó 62 ensayos en distintas localidades del Gran Chaco argentino.
La investigación no solo identificó las variables ambientales que explican las diferencias de productividad entre lotes, sino que también cuantificó el impacto de distintas decisiones agronómicas sobre los resultados del cultivo.
Carlos Simón, coordinador técnico de la Red de Maíz NEA e investigador del INTA Las Breñas, Chaco, explicó que el contenido de materia orgánica tiene una incidencia directa sobre el rendimiento, mientras que la disponibilidad de agua en el suelo al momento de la implantación permite explicar buena parte de las diferencias entre ambientes productivos.
Más materia orgánica, mayor potencial de rendimiento
Uno de los principales resultados del trabajo es la relación entre la materia orgánica y la productividad del maíz. Según detalló Simón, cada incremento de un punto porcentual en el contenido de materia orgánica se asocia con alrededor de 1.200 kilos adicionales de maíz por hectárea, de acuerdo con el modelo analizado.
Este resultado destaca la importancia de conocer las características de cada lote antes de definir la estrategia productiva. Medir la materia orgánica y realizar análisis de suelo permite identificar ambientes con distinto potencial y ajustar las decisiones de manejo.
El agua disponible al momento de la siembra también ocupa un lugar central. La humedad del perfil condiciona la implantación y el desarrollo inicial del cultivo, por lo que conocer las reservas hídricas resulta clave para planificar la fecha de siembra y reducir los riesgos asociados a los estreses ambientales.
Las decisiones de manejo pueden aumentar un 20% la producción
El estudio identificó tres variables de manejo con una influencia significativa sobre el rendimiento: la disponibilidad de nitrógeno, la fecha de siembra y la elección del genotipo, ya sea de tipo templado o subtropical.
Cuando estas decisiones se ajustan a las características de cada lote y a las condiciones ambientales, el rendimiento puede aumentar cerca de un 20%, equivalente a aproximadamente 1.500 kilos por hectárea.
“Las variables de manejo con mayor influencia fueron la disponibilidad de nitrógeno, la fecha de siembra y el tipo de híbrido”, señaló Simón.
La investigación evaluó entre 9 y 28 híbridos por sitio, con rendimientos que oscilaron entre 2.235 y 11.141 kilos por hectárea. Esa amplitud permitió estudiar cómo interactúan las condiciones ambientales y las prácticas agronómicas en distintos escenarios productivos.
Los resultados refuerzan la importancia de definir la estrategia de manejo a partir de información específica de cada establecimiento, en lugar de aplicar decisiones uniformes en ambientes con características diferentes.
La genética también es clave frente a la chicharrita
El manejo agronómico adquiere especial relevancia en el norte argentino, donde el complejo de achaparramiento del maíz, asociado a la chicharrita (Dalbulus maidis), representa uno de los desafíos sanitarios del cultivo.
Simón destacó que la elección del híbrido puede contribuir a enfrentar esta problemática, ya que existen materiales que muestran una mejor respuesta bajo condiciones de alta presión de la enfermedad.
Sin embargo, la genética por sí sola no garantiza los resultados esperados. El investigador remarcó que el potencial productivo también depende de la calidad del lote, los niveles de materia orgánica, el análisis de suelo y el seguimiento del agua disponible.
La combinación de genética adecuada, sanidad y manejo agronómico permite abordar de manera integral los riesgos que enfrenta el maíz en la región.
El maíz en el Gran Chaco argentino
El Gran Chaco sudamericano constituye una región agrícola de importancia internacional, con territorios en Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia. De acuerdo con los datos citados en el estudio, representa el 16% de la producción mundial de maíz.
En el centro-sur del Gran Chaco argentino, los productores avanzaron durante la última década en la incorporación del maíz a las rotaciones agrícolas, principalmente en combinación con la soja.
En este contexto, generar información regional sobre los factores que determinan los rendimientos resulta fundamental para orientar las decisiones productivas y evaluar la conveniencia de sostener la superficie destinada al cereal.
Simón advirtió que existe un debate sobre la posibilidad de reducir el área de maíz en el norte del país y destinar parte de esos lotes a sorgo o soja. Frente a ese escenario, los resultados del trabajo aportan herramientas para evaluar el potencial de cada ambiente y mejorar la eficiencia del cultivo.
Los resultados se presentarán en un congreso en Chaco
Los hallazgos de la Red de Maíz NEA se presentarán durante el 2.º Congreso de Cereales y Oleaginosas del Gran Chaco Argentino, que se realizará el 4 y 5 de noviembre de 2026 en el predio de la Sociedad Rural del Oeste Chaqueño, en Las Breñas.
El encuentro, organizado por el INTA Las Breñas, reunirá a productores, asesores, investigadores, empresas y estudiantes para compartir conocimientos y tecnologías adaptadas a las condiciones productivas del norte argentino.
El jueves 5 de noviembre, a las 9.30, Carlos Simón y Nicolás Neiff, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), participarán del espacio dedicado al manejo frente a los estreses ambientales y a las estrategias para sostener la producción de maíz en el NEA.
La agenda también contempla una exposición sobre el cogollero (Spodoptera frugiperda), a cargo de Diego Szwarc, prevista para las 11.00 de esa jornada, además de actividades sobre soja, girasol, algodón, mercados agrícolas, maquinaria y drones.
Los resultados del estudio dejan un mensaje central para la región: el potencial del maíz comienza a definirse antes de la siembra, con la elección del lote, el conocimiento del suelo y la planificación del manejo. La genética y la sanidad son herramientas fundamentales, pero su impacto depende de que las condiciones agronómicas permitan expresar el potencial productivo.
Fuente: Prensa INTA
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