Industria avícola nacional con buenas perspectivas

El sector avícola marcha decididamente hacia las metas fijadas para el 2020, las cuales implican un crecimiento del 25% sobre la producción actual. El crecimiento explosivo del sector avícola argentino generó la escala necesaria para acceder a los negocios del futuro, pero también los riesgos de desajustes propiciados por la velocidad del cambio.

Industria avícola nacional con buenas perspectivas

El sector avícola marcha decididamente hacia las metas fijadas para el 2020, las cuales implican un crecimiento del 25% sobre la producción actual.

El crecimiento explosivo del sector avícola argentino generó la escala necesaria para acceder a los negocios del futuro, pero también los riesgos de desajustes propiciados por la velocidad del cambio.

No olvidemos que este proceso se inició en un 2003 donde el consumo per cápita local era de 17 kg/hab/año, llegando hoy a los 44 kg/hab/año, con una faena mensual de 65 a 70 millones de aves o más de 2 millones de toneladas de carnes blanca anuales.

Más allá de esto y desde 2010, la crisis global ha puesto a prueba la sustentabilidad del modelo argentino de producción avícola.

Generar una diferenciación semántica

En ese contexto y tomando las palabras del presidente de CEPA, Roberto Domenech, parece interesante remitirse a la posibilidad de generar una diferenciación semántica al referirnos a la “avicultura nacional” o bien, a la “industria avícola nacional”.

Aceptando el desafío y con cierta rigurosidad, podemos definir el nacimiento de la industria avícola nacional junto con las primeras experiencias exitosas de exportación de carnes y productos aviares, competitivos y destacados por su calidad.

Sin dudas, este hito marca una mutación irreversible en los procesos productivos y comerciales de todo el sector.

La actualidad de las empresas avícolas

El año 2014 ha tenido, en cierta forma, el carácter de prueba ácida para con el funcionamiento de las empresas avícolas que operan en nuestro país.

Atrás quedó la primera etapa de recuperación, crecimiento, alta rentabilidad e inversión (2003 a 2006); la segunda, de exportaciones, créditos Bicentenarios, compensaciones y rentabilidad (2007 a 2010), dando paso a una tercera que se está hoy transitando: sin compensaciones, crisis global, precios bajos, excedentes internacionales, inflación, condiciones macro, etc. (2011 a la fecha).

En ese marco, las condiciones de precios internos adversos que se evidenciaron en el primer semestre y las dificultades financieras aparejadas, amenazaron la estabilidad y el resultado económico.

Por primera vez en 10 años, durante el cuatrimestre comprendido entre diciembre de 2013 y marzo de 2014, la producción no registró crecimientos.

Aparece entonces con mayor relevancia, el nuevo factor regulador y organizador del sistema: el mercado externo.

Mantuvo su planeamiento a largo plazo

La industria avícola argentina, basándose en las estrategias de exportación, a fin de manejar los stocks y ordenar la producción, ha conseguido mantener su planeamiento a largo plazo sin alteraciones ni retrocesos, evitando caer en bruscos ciclos históricos de expansión y contracción.

Por decisión del sector más dinámico del empresariado nacional, las exportaciones (cerca del 18% de la producción local) constituyen en este momento una herramienta de extraordinario valor como amortiguador de los efectos indeseados de los desequilibrios de la oferta y la demanda interna.

En total, unas 30.000 toneladas de productos avícolas son exportadas mensualmente, consolidando una facturación para este año que seguramente se acercará a los US$ 700 millones, dato (sin dudas) de significativa relevancia.

Aún existen márgenes para la mejora

En esta línea, aún existen márgenes importantes para la mejora, teniendo en cuenta la calidad de los productos, el excepcional status sanitario de nuestra región y las ventajas comparativas de nuestros insumos.

También es de destacar la aparición de nuevas oportunidades, como es el caso de Rusia, que abrió recientemente para Brasil y Argentina compras por 250.000 toneladas de trozados que, anteriormente, se cubrían con gran participación vendedora de los Estados Unidos.

Esto sin dudas mejora la perspectiva de nuestras exportaciones, moderando la participación mayoritaria de Venezuela como principal comprador, con buenos precios pero con altibajos importantes en los envíos y las condiciones de pago.

Hacia adentro

Respecto a los datos internos, podemos confirmar la instalación del consumo de pollo en nuestro país en un piso de 40 kg/hab/año, con picos de 44 a 45 kilos.

Esta participación, sobre un consumo de proteína animal total de 115 a 120 kg anuales estimados, parece ubicarse cerca del techo donde se encuentran los principales países consumidores del mundo. Sin embargo, en este segundo semestre del año, la demanda sigue sorprendiendo con nueva firmeza y los datos de crecimiento indican que la población continua eligiendo el producto por su nobleza y excelente relación de precio relativo.

Desde el punto de vista productivo y sanitario, estamos transitando un ansiado y esperado escalón de mejoría.

Luego del apabullante ritmo de crecimiento del stock de aves faenadas, verificado hasta 2012 y que trajo como resultado ciertos desvíos en los índices de productividad en la actividad, hoy se consolidan índices de peso, conversión, mortalidad y eficiencia productiva significativamente mejorados, los cuales nos devuelven a posiciones de competitividad de primer nivel.

Todo esto, acompañado por un manejo sanitario excelente y sin amenazas a la vista.

Lo que viene

Las perspectivas para lo que resta del año y parte de 2015 pueden considerarse positivas por lo descripto sobre el consumo interno y la actual vocación de los empresarios líderes en desarrollar los mercados de exportación.

A esto se suma un pronóstico de costos bajos en los insumos primarios (maíz y soja), que se estima se prolongarán al menos hasta mitad del año entrante.

En el mediano plazo, la industria avícola nacional marcha decididamente hacia las metas fijadas para el 2020, las cuales implican un crecimiento del 25% sobre la producción actual.

Fuente: MOTIVAR – FYO

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